analyticstracking.php

analyticsTraking

viernes, 6 de noviembre de 2015

¡Una ración de Potaje!

Juan Delgado, había elegido su profesión mucho antes de llegar a adulto, cuando en el colegio los demás niños, se metían con él al percibir que su complexión y opulencia, no estaban en concordancia con su apellido.

Decidió desde tan temprana edad, hacerse nutricionista.

Estaba dispuesto a hacer la guerra a las grasas corporales.

¡Él sería “delgado” de cuerpo y de apellido!

Ni que decir tiene, que Juan Delgado se convirtió en uno de los más exitosos nutricionistas existentes en el país.

Después de llevar ejerciendo unos cuantos años, decidió que debía poner fin a la gordura limitando la ingesta de alimentos, restringiendo en las medidas. Sabía ya por experiencia que si él ponía en su menú: cien gramos de…

El paciente lo entendía por: doscientos gramos, y muchas veces, no solo no bajaban de peso, si no que adquirían nuevas grasas y nuevos kilos, haciéndose presentes a la hora del peso en la báscula de su consulta.

La excusa del paciente, era casi siempre la misma:
-Yo estoy haciendo bien la dieta.

-Peso los alimentos y pongo lo que usted me manda. Cien gramitos.

Esto le hizo reflexionar sobre el modo de poner la dieta.

Si el paciente tendía a pesar de más… Habría que rehacer la lista de ingredientes permitidos, sobre todo, reduciría las cantidades permitidas. De este modo, los cien gramos se convirtieron en cincuenta gramos de un único plumazo.

Pasados unos tres meses de la drástica merma de alimento, Juan Delgado se mostraba satisfecho. Tenía a los pacientes justo como él deseaba, ahora todos sin excepción perdía peso a un ritmo correcto y justamente el esperado.

Todo iba a pedir de boca, hasta el día en que don Perfecto Pascual (que así se llamaba) decidió entrar en la consulta, dando como resultado en la báscula al ser pesando unos treinta kilos de más. Se quejaba de dolor en las rodillas y de no poder moverse como lo hacía antes, cuando se hallaba poseedor de un peso correcto, sin un más o un menos que añadir al peso perfecto del señor Perfecto.

Juan Delgado, tras pesar al sujeto, calcular su índice de masa corporal y mantener la ya repetida charla de concienciación del individuo, entregó la lista de alimentos mermada en gramos.

Perfecto Pascual, llegó a su casa y dijo a su esposa: Me ha dicho el doctor que he de comer lo que dice la lista de alimentos permitidos, en las cantidades mencionadas.

-Rebeca, cariño, yo voy a hacer una dieta severa, pues ya sabes cómo son estos nutricionistas, que hacen una dieta tipo… que adelgaza a la mayoría, pero que no sabe que a mí me engorda hasta el aire que respiro.

-Que el endocrino a mí no me conoce… No sabe que yo aunque no coma engordo….

_Si vas a hacerme tú de comer, cuida de que las cantidades sean la mitad de lo que en la lista indica.

Pasaron así los dos meses que el nutricionista le dio de margen para perder peso.

Perfecto Pascual, se presentó en la consulta extremadamente depauperado y de un color lívido, ojeroso, y taciturno, sin ánimo, y andando como un alma en pena.

Sorprendido Juan Delgado, por el aspecto de su paciente, después de enfrentarlo a la báscula, y quedarse estupefacto al ver la extremada cantidad de kilos que habían abandonado al señor Perfecto, preguntó muy extrañado:
-¿Ha hecho usted la dieta tal como le he dicho?

-¡Sí, señor!

Contestó don Perfecto trabajosamente, pues el aliento le llegaba a lo justo para hablar y respirar al mismo tiempo.

-He hecho la dieta reduciendo a la mitad las cantidades que usted en su lista había sugerido.

Juan Delgado movió la cabeza de izquierda a derecha en un gesto de negación.

-¡Pero hombre!...

-¡Si yo… Ya las había reducido!

Presuroso, Juan Delgado, dejó la consulta, tiró su batín blanco, y acompañó al Don Perfecto al mesón que se encontraba al lado de su consulta, solicitando al camarero:

-¡Traiga usted una buena ración de potaje con todos los habíos!

Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All rights reserved











lunes, 2 de noviembre de 2015

Se despertó la lluvia

La lluvia se despertó,
con ganas de verter agua,
Alegres los angelitos, 
bombas de globos lanzaban.

La tierra estaba seca,
y la sed la cuarteaba,
Bebía el agua fresquita,
agua de lluvia bien clara.

La tierra vertía aromas,
de recién tierra mojada.

El agua de angelitos,
a la tierra la empapaba,
Llegaba hasta las semillas,
que en sus entrañas, 
como tesoros guardaba.

Pasados algunos días,
cuando la tierra secara,
Brotaron verdes ramitas,
que como gemas brillaban.

Cada ramita un tesoro,
cada tesoro una planta.

Nos dejó aquella lluvia,
de agua tan fresca y tan clara.

Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All rights reserved



















domingo, 1 de noviembre de 2015

#AutopublicaConKindle y más



Mi cuento "Poesía Infantil, Cuentos Rimados"
SELECCIONADO PARA LA NUEVA CAMPAÑA DE  AMAZON

"LAS VACACIONES QUE ILUMINARON MI VIDA"
 Clika la imagen gracias!
Habla de un viaje en busca de paz y tranquilidad,
La maldad viajará a su lado, hasta el que prometía
 clica la imagen
ser un lugar de placer y encanto.
El protagonista nos descubre su vida,
sus sentimientos, sus penas, y dolor.
(Amazón dispone de aplicaciones de lectura gratuitas)
© Todos los derechos reservados.Registrado en la Sociedad de Autores Española ©
Y también, Registrado en Safe Creative ©

ClicaAquí para ver, Mis Cuentos y mi Novela en Amazón

La Abuela en The Crow Magazine

La abuela en The Crow Magazine del mes de Noviembre

http://www.thecrow-magazine.com/#!articulos/c204j







sábado, 31 de octubre de 2015

El fantasma de Federico


El castillo taladraba todos los oídos con gritos desesperados.
Sus habitantes estaban presos del pánico.
El fantasma de Federico, traspasaba paredes corriendo como un poseso.
Su esposa, le hizo abandonar la cama esgrimiendo una sartén asida por su mango.
Federico, en su carrera gritaba:
--UUUuuuuuHHHhhhh!!!
Mientras Leonor, su esposa corría tras él dando alaridos de muerte:
--TE MATO!!!
SI NO ESTÁS MUERTO, TE MATOOOOOO!!!
NI FANTASMA NI GATOS MUERTOS!!!!
SI NO ESTÁS MUERTO TE MATOOOOOOO!!!!



Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All rights reserved

Un micro de Halloween


Nuestros vampíricos colmillos, se vieron enredados en nuestras lenguas, convirtiendo dulces besos de amor, en tragos de espesa y roja sangre, que rauda fluía a través de dientes, traspasando la frontera de los labios, y convirtiendo besos, en una  macabra y deliciosa orgía de fresca, y sabrosa sangre.





Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved

jueves, 29 de octubre de 2015

Mi Capítulo de Crow Mirror

Capítulo XVI de la novela conjunta LA MANSIÓN CROW MIRROR

La visión del expediente que contenía su nombre no se le quitaba de la mente, ni le dejó dormir aquella noche.
La conversación mantenida con Mery karenina le había llenado de una nerviosa curiosidad que preocupaba su mente hasta tal extremo de hacer doler su cabeza.
Se tomó un calmante e intentó dormir.
¡No era posible!
No dormiría aunque viniese un coro de ángeles a cantarle un nana.
¡Estaba más que decidido! No habría más remedio que volver. Debía regresar a aquel lugar lúgubre y maldito. Debía leer qué decían de sí aquellos papeles descubiertos en el desván.
Sabía que estarían alerta, que no había podido esconder su presencia en el lugar. Se puso un pantalón ceñido negro y un jersey del mismo color. Manchó su cara en el betún que utilizaba para hacer lucir sus botas, buscó entre sus cosas  algo que sirviese de gancho… Sacó las perchas del armario, de las que extrajo una a una su hierro colgador. Arrancó el cable de la lámpara que reposaba sobre la mesita de noche… Ató todos los ganchos por su extremo recto, utilizó su sabiduría de pescador para atarlos, igual que empataba el anzuelo con un nudo extremadamente seguro.
No se le olvidó forrar con cinta aislante las puntas de los ganchos, sin hacerles perder la punta, con la única finalidad de atenuar el ruido que en la noche, hubiera sido suficiente para delatarle.
La cuerda que consiguió no era demasiado larga pero la haría servir. La haría ser útil… Todo sería tener que volver mañana.
De lo que estaba muy seguro es que no cejaría hasta conocer letra a letra el contenido de ese informe.
El primer obstáculo con que se encontró, contaba con él de antemano. La verja de entrada a la mansión. La estudió bien, muy bien aquel primer día que llamó y no le abrieron, tuvo tiempo suficiente para adentrarla en su mente y estudiarla profundamente.
Le preocupaba, el tiempo que hacía que no escalaba, le preocupaba también no tener el equipo necesario, contaba sólo con lo que había en aquel armario y unas pocas cosas que traía en su maleta y formaban parte de su equipo detectivesco.
Se colocó sus guantes de piel, que por suerte, también eran negros.
Trepó la cancela de entrada ayudándose únicamente de sus manos, sus pies y su buena forma física.
Corrió agazapado a través de la amplia explanada que separaba la verja de la casa.
La noche camuflaba su presencia, envolviéndole en un oscuro anonimato.
Al llegar frente a la casa, lanzó el gancho, lió a su muñeca el extremo de la cuerda y pudo trepar hasta la base del balcón de la primera planta.
Debió ir superando tramo a tramo cada una de las alturas, hasta hacerse llegar a la altura del desván.
La claraboya permanecía abierta y su cuerpo la traspasó a duras penas, entonces pensó en que había engordado y debía cuidarse más, dejar el bourbon e intensificar sus ejercicios.
Sacó su linterna de campaña, la misma que utilizó en la guerra, formaba parte de uno de aquellos recuerdos que tantas veces quiso olvidar.
Se desplazó con sumo cuidado de no tropezar con nada para no delatarse, aunque su imagen mental, le podría guiar hasta sin linterna. Peter gozaba de una exquisita memoria fotográfica de esas que solo poseen los buenos detectives.
Fue derecho hacia la puerta secreta y sin dudar la abrió con cuidado de no dejar oír chirridos.
¡No podía ser!

Se quedó paralizado al ver que él no era el único que esa noche le había costado dormir.
Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved

jueves, 22 de octubre de 2015

Un relato de terror


Hacía ya veinte minutos que el reloj de la plaza mayor había dado las cuatro de la tarde, mi estómago no paraba de retorcerse buscando en sus propios jugos algo que digerir. Tengo un estómago muy activo, le gusta digerir y formar bolo con frecuencia, aunque nunca he comprendido para qué. 

Para qué sirve tanto trabajo vano, tanto movimiento para triturar lo triturado, para remover lo ya removido, para separar lo que he bebido de lo que he comido… 

¡Para terminar expulsándolo todo! 

Para volver a pedir alimento y volver a comenzar el mismo proceso. 

¡Yo pienso que esto es vicio!

Es vicio estomacal.

Comencé a caminar hacia una bocadillería.

Estaba cansada.

 ¡Que esa es otra!

¡Los caprichos del susodicho!

¡Si no le doy de comer me castiga con cansancio y mareo!

Así que he de darle "madera" para entretenerle o para que trabaje, (si es que quiero no desmayarme)

“Bocadillería la hartulenta” se llamaba el establecimiento.

Señalé un bocadillo de jamón y queso muy apetitoso (ya que he de darle alimento, al menos que sea de mi gusto y disfrute con sus mordidas y posterior masticado)

Asomaba del pan una larga lengua de jamón en la que se montaba como a caballo una lonsha de queso.

La dependienta me lo envolvió introduciéndolo en una bolsa de papel, muy rápida y diligente.

Nada más salir de la bocadillería, me senté en un banco de la Plaza Mayor y casi tan rápida como la dependienta, lo envolvió, desenvolví mi bocadillo.

Comprendí enseguida las prisas de la dependienta.

El único jamón que contenía el bocadillo era el que mostraba en forma de lengua, permaneciendo el pan vacío de todo rastro de jamón o de cualquier otra sustancia que no fuese el propio pan. (No hubiera venido mal un poco de tomate o de aceite). 

El queso que asomaba, era también el único queso que contenía el bocata, el grosor de ambos productos, era menor que el del folio en el que ahora estoy escribiendo.

El dilema que me surge ahora es que si se trataba de:


¿Un engaño para mí? 

¿O un engaño para mi estómago?

Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved

martes, 20 de octubre de 2015

¡Un hombre lobo!

      ¡Elvira ven aquí!
              ¡Aléjate de la ventana!
      ¡No me asustes Alberto!
              ¡Alberto! 
       ¡No me mires con ojos desorbitados!
          ¡¿No ves que me asusta la expresión de tu cara?!
      ¡Ven aquí querida, acurrúcate a mi lado!
              ¡Y sobre todo... No mires hacia la ventana!
      ¡AAAaaaaAAAAaaaaHHHhhhhhh!!!
      ¡Te advertí que no deberías mirar!
          ¡Agárrate fuerte a mí!
          ¡No te preocupes, mi amor, que no podrá vernos a oscuras!
          Cuando regrese la luz, quizá podamos bajar al sótano. Allí estaremos más seguros.
      ¡Puedo ver  sus dientes Alberto!
       Los veo con toda claridad...   ¡Tengo muchísimo miedo!
      ¡Estás temblando! Por favor, no temas que estamos juntos...
       Jamás te dejaré sola.
      ¿Y si abre la ventana?...     
       ¡Tiemblas Tú también, Alberto!
         ¡Te noto muy sudado!
         ¡AlbErtOOOooooo!!!!
*
      ¿Ha sido usted quién nos ha llamado?
      ¡Sí, señor policía!
      ¿Dígame, qué ha ocurrido?
      He llegado esta mañana como todos los días, a traer el desayuno a mis abuelos. 
      Se lo prepara mi madre todas las mañanas, y yo se lo traigo.
      ¿Y… Dígame... Cuál es el problema?
      ¡Pase usted a la vivienda y véalo por sí mismo!
      ¡Tremendo!
      ¿Les ha colocado usted en esa postura?
      ¡No!... no...
          Les encontré así, abrazados y acurrucados en esa esquina.
         No he querido tocar, absolutamente nada.
          Ni siquiera el teléfono.
          Les he llamado a ustedes, desde mi móvil...
          No he querido quitar, ni esa horrible careta de hombre lobo, colgada en la ventana.
      ¿Celebraban Halloween sus abuelos?
*
      ¡Vámonos Paquito!
         ¡Corre!... ¡Corre!... ¡No te pares!
      ¿Y la careta?

    ¡Cállate! 
      ¡Y... Déjala ahí!



Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved



Te amo tanto...

     ¿Tienes Miedo Adela?
     ¿De ti?
     ¿Por qué iba a tener miedo?
     He cambiado tanto…
     Cambiado o no… Sigues siendo tú.
     ¡El mismo de siempre!
     Mi amor… Mi vida…
   El único cambio que advierto, es que estás más delgado…
     ¡Pero qué tonterías preguntas!
    ¡Sabes que te amo desde siempre y para siempre!
    Sabes que eres y serás eternamente, mi único y verdadero amor.
    ¡Déjate de tonterías y ven aquí, junto a mí, muy cerquita!… ¡Verás como sentiremos nuestro amor, como siempre lo hemos sentido!--
     Mujer… Sabes que desde lo sucedido… tengo dificultades para mantener el amor erguido y firme como antes…--
     No importa, Vida mía. Estamos juntos… Eso será más que suficiente para mí.--
     Está bien amada mía. Cogeré tu cintura. Me pegaré a tu espalda. Sentiremos así nuestros cuerpos en contacto… No habrá nada que pueda superar el placer de rozarte.--
     ¡AAAAaaaahhHHH!!!!--
     ¿Qué pasa mi vida?
     ¿No decías que no te asustaba?
     ¡Ella!!!!
     ¡Vaya!
     ¡Albertina!… Dije que podías venir si permanecías oculta 
     Cálmate… Adela… Pero si tú la conoces…
     ¡Albertina, la de la casa grande!
    ¿Recuerdas?--
     ¡Pero si Albertina, está MUERTA!!!--
     ¡También yo lo estoy. Vida mía!
     ¿Recuerdas el accidente?--
     ¡No!!!!
     ¡No quiero perderte!!!!
     Te amo tanto...--

Blog tiene hambre. Recuerda que Blog, se alimenta de Tus Comentarios


Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved