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domingo, 16 de julio de 2017

Un conflicto mañanero


Por la mañana temprano
Llevo a pasear a mi abuela
La llevo, a un comercio
En el que venden muñecas.
Le muestro el que me gusta…

Con sus faldones y tocas
Con biberón y sus platos
Con sus trajes y pijamas
Con mantones y chupetas…

Demuestro, cuánto me gusta…
Pregunto, a la dependienta…
Del precio se escandaliza
Mi comedida abuela…

¿¡Pues no dices que te gusta!?
¿¡pues no has venido a la tienda!?
¿¡Para qué he de preguntar
Si no me lo compras… abuela!?

©Copyright © 2017  All rights reserved  Mercedes del Pilar Gil Sánchez  #AbuelaTeCuenta

Un camino hacia el amor

Esta mañana temprano
comenzó un gran viaje
lavadora de abuela.
¿Deseaba vacaciones?
¿Se cansó de lavar ropas?
¿A dónde vas lavadora?
Pregunté con voz muy queda...
No respondió mis preguntas
la lavadora viajera.
Se soltó de su enchufe
y corrí detrás de ella.
En ese nimio instante...
Lavando a mano las prendas
imaginé a mi abuela.
Lloré, pues esa imagen
llenó mis ojos de pena.
Al comenzar sus andares,
la seguí. Seguí sus pasos…
Me intrigó a dónde fuera
y concluyó su viaje
en alcoba de abuela.
Se enamoró Lavadora
de un aparato gastado...
Un aire acondicionado
chuchurrido, de mi abuela
que debió nacer con ella.
Pude verles abrazarse,
en el cuarto de abuela.
Les vi besarse, amarse...
Les vi, olvidar tristezas...
Les vi, que ambos lloraban
de dicha alborozada,
de verse, la lavadora
abandonar la nostalgia,
verse de amor cubierta...
Les vi llorar extasiados,
Les vi quererse sin penas…

Este amor viene de lejos
me contó después abuela,
de un día acalorado,
que Aire Acondicionado
heló en la noche la cena.
Lavadora, desde entonces,
esperó al aparato
regresar junto a ella.
Le llamó con sus ruidillos
y al no hallar respuesta
decidió salir andando
hacia un amor de vida...
Hacia la vida más bella.
No está sola, Lavadora
Tiene su amor con ella.

©Copyright © 2017  All rights reserved  Mercedes del Pilar Gil Sánchez  #AbuelaTeCuenta

domingo, 9 de julio de 2017

Atrapando Recuerdos

Atrapando recuerdos


En mis viajes a la luna

suelo atrapar mil recuerdos,

reflejos de luna, luna,

que se prenden en mi pelo.

Collares de piedra luna

que saben a caramelo.

Pulseras de miel de lluna

cerradas pronto en mis sueños.

Remedios de luna oscura

para guardar los recuerdos.

¿Quieres venir a mi luna...

Que es volar tu anhelo?

Remóntate hacia mi nube

Elévate, apóyate en mis cabellos.

Llegaremos a mi luna

en su fase más redonda,

¡Patinaremos su hielo!

viernes, 23 de junio de 2017

Una explosión pinturera

La calidez de la tarde hacía mella en mi cuerpo. Llevaba horas pintando y el sudor invadía mis calzones después de haber inundado y traspasado la ropa interior que notaba en extremo pegada a mi cuerpo. Pensé que si continuaba de ese modo, desaparecería en un charco de líquido exudado por mis glándulas sudoríparas en extrema actividad. Mis reflejos, intactos al clarear la mañana empezaban a flaquear por acumulo de cansancio. Comencé a notar como primer aviso la pesadez de mis brazos, la turbieza en la mirada, y en el pulso de mi mano que obligaba a la brocha cargada de pintura a realizar líneas onduladas en vez de las impertérritas rectilíneas que sin esfuerzo alguno, deslizaba sobre la pared esta misma mañana.
Sin cejar en mi esfuerzo, llegué al tramo final del techado que cambiaba un tono parduzco y sucio por un nítido y pulcro blanco inmaculado que parecía haber inundado de suave luz el cielo de un pasillo que va del cuarto de baño a la entrada de la casa.
Respiré de sano alivio al pensar en el merecido descanso que me esperaba…
Moví la escalera y entonces…
En un ínfimo instante… El recipiente que contenía la pintura cayó desde más de un metro de altura.
Su contenido chocó junto al cubo contra el suelo y como en una estampida descargada por un trueno la pintura rebotó hacia arriba en busca de todas las direcciones posibles, deteniéndose acá y allá como una ruleta de suerte extraña; como un pintor poseído por la locura que intentase pintar sobre fondo oscuro un cuadro de insólitas flores blancas.
Paralicé de pánico y estrépito…
Dirigí hacia arriba mis ojos que el sudor inundaba, y al poco, se confundieron con el sudor dos lágrimas…
Lúa mi pequeña perrita acudió a ver qué me pasaba. No tuve voz para detenerla. Me miró sin comprender nada. Mojó de pintura sus patas y pintó florecillas de huellas en el pasillo, el salón, la cocina, la sala… Repitió, repitió varias veces, las flores que al principio esparcía solitarias,  poco a poco, con gusto de unión, en nutridos ramos se juntaban.
No conforme mi Luita con formar ramos de suelos, subió al sofá y formó en él ramos con hojas y ramas.
No me quedaban ganas de limpiar, no podía… mi cuerpo no respondía, y optó por no hacer nada.
Me puse la camiseta, me revolqué en la pintura, me convertí en “nube blanca”

Huí, salí de la casa justo por una ventana, floté en el horizonte y llené mi nube de dulce blanca agua.
©Copyright © 2017 AbuelaTeCuenta All rights reserved  #AbuelaTeCuenta

jueves, 15 de junio de 2017

Hoy, comemos en el jardín



¡Comeremos en un jardín!
Me prometía mi abuela
Mientras llevaba sus pasos
Hacia su casa de vuelta…
Mas… al llegar a su casa…
Abuela ¿Dónde está el jardín?
Me mostró una ensalada
Que había hecho para mí.
Me costó. Me costó mucho…
Me costó en un principio,
Ver a la ensaladera,
Disfrazada de jardín...
Apareció ya en mi plato,
Apareció para mí.
Como en un acto de magia
Como puesto por un hada,
De pronto… El jardín estaba allí.
Con su césped de lechuga,
Las margaritas de huevo
Canónigos que eran trébol,
Vinagrillos de maíz
Tulipanes que en tres tonos
Alegraban mi jardín,
Que se hacían de pasta,
En tres colores,
Entre ellos, el carmín.
Me gusta, me gusta mucho
Comer tan rica ensalada
Sentadita en mi jardín.

© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

lunes, 12 de junio de 2017

Ay, mi abuela que está tan loca...



En la mañana de ayer
fui a nadar con mi yaya
me llevó a la piscina
que está cerca de su casa.

Me enseñó a hacer la "boya"
una forma redondilla
que no es verso ni es prosa
que ella hace en la piscina
y no nada... Sólo flota.

Me enseñó a hacer la "gamba"
una forma en que ella nada,
que no es natación... Es broma.

Me reí, me reí tanto,
que casi, casi, la risa me ahoga.
Mi abuela que es chiquita,
encogida como boya,
desplazándose como gamba...
llorando de risa loca...

Y ella que siempre dice:
¡No me hagas reír...
que me ahogas!

© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

domingo, 11 de junio de 2017

Demasiado???



Cuando el tiempo se excede
y el aire que roza tu cuerpo,
te envuelve en: demasiado...
Cuando la esperanza se cubre
de ausencias, de pérdidas
excluyentes en demasiado...
Cuando los albores primeros
de vida cuajan en destellos
cobrizos en... Demasiado...
El dilatar del tiempo, el fluir de los días,
La esperanza huida...
La vida, el rutilar de estrellas,
el sol, el universo flotando...
El infinito embriaga tu cuerpo
que pierde medida,
y el tiempo revienta en sí mismo
en frutos corruptos de, DEMASIADO!


© Copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta

sábado, 10 de junio de 2017

Un amor de letras

Esperaba las ocho de la tarde con ansia en desmesura, con el deseo en efervescente incendio de llamas a duras penas contenidas. Le deseaba, y necesitaba calmar todo aquello que precisamente por el sosiego forzado, por la contención desmedida, por no dar rienda suelta a la apetencia, le embargaba en un halo de tristeza y de una cruel melancolía.

No podía comer, su boca se llenó de miedos pavorosos, de sentidos sin sentido, de dolores estomacales producidos por la desgana, y por tener que devorarse su estómago a sí mismo.

Llevaba tiempo hablándole e intentando huir del amor que letra a letra, notaba penetrar sin remedio por sus retinas, a través de letras que él tecleaba y ella leía con la avidez propia de lo necesario para seguir viviendo. Poco a poco las letras se habían transformado en su propia vida o en parte tan importante de ella, que no podría prescindir ya jamás de ese abecedario mostrado día a día, letra a letra, cada uno de los días y a través de internet.

Su problema principal, era el de la propia incomprensión de sí misma. Leía las letras que amaba, y sabía que eran únicamente eso... Simples “Letras” sin apoyo, sin una imagen, sin poder descubrir qué habría tras el monitor, tras el teclado… ¿Quién podría escribir palabras embrujadas de amor? ¿Quién podría ser el ser especial que con tan poco, le hacía sentir tanto? ¿Qué podría tener de especial ese alfabeto utilizado por un ser oculto, sin imagen, quizá sin dedos… ¿Podría ser quizá un robot... Un automatismo capaz de llenar su alma y todos sus vacíos con un vocabulario de amor perfecto. Un ser cuyo cerebro creado, dulcificado y sentido para ser compuesto únicamente de envolventes letras?

Las ocho de esta misma tarde, sería la hora que haría poner transparencia a la opacidad, que llenaría de luz su oscuridad infinita. Por fin podría traspasar la pantalla y ver... Convertir letras en humanidad, en descanso mental, en dar plenitud a un amor que se hacía ya desesperado.

Una flor roja en el ojal le definiría entre un mar de transeúntes, de personas que pululaban sin rumbo por la plaza monumental, cuajada de turistas, plagada de personas que… Quizá... cualquiera de ellas, cualquiera, podría ser el propietario de su idolatrado alfabeto.

A lo lejos presintió una presencia que también los turistas presintieron… Un ser se acercaba con una flor roja en el pecho. La gente, los transeúntes le abrían paso a la vez que le admiraban como prendados de su figura, para una vez había pasado mirar perplejos al suelo.

Cuando le tuvo cerca, le reconoció, era tal como se lo imaginaba. Su figura consistía en letras amontonadas flotando en forma humana. Él extendió un brazo que antes había doblado para arrancar de su pecho la flor y ofrecérsela extendiéndola hacia ella; en su brazo se juntaban en hilera, una tras otra, estas letras: Para ti, mi amor, con el amor más grande y más extenso...

En el suelo, tras él había ido sembrando otras letras que ella comenzó a leer: Amor de mi vida, seré para ti el ser que esperabas…

Ella, lejos de decepcionarse le abrazó esparciendo letras flotantes por doquier que se configuraban de nuevo para lograr una imagen igual a la primigenia de ser hecho de letras. Las letras desprendidas flotantes, al caer sobre ella se deshacían, la penetraban y la envolvían en el más puro éxtasis del más genuino y bello amor que jamás había conocido.

  ©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta




Y todo vuelve, y todo regresa...


Volverá la bajamar a llevarse el agua de la marea.

Volverá a verterse el fuego que conforma el centro del planeta Tierra.

Volverá a partir, el refrescante sol que inundó de flores la feliz primavera.

Volverá a salir el sol que esta tarde produjo en el cielo una bella puesta...

Volverá a poblarse el firmamento las más lúcidas y bellas estrellas...

Y... volveremos tú y yo como vuelven las aves a cruzar el estrecho en exuberante estación verde a forjar de amor los sueños, a llenar los nidos de polluelos hambrientos, a vivir enseñando el amor a unos cuerpos revueltos rebozados de de vida, rebosándose de sueños.


©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta


martes, 6 de junio de 2017

Cabina

Se le antojó claustrofóbica, una cabina de escasas dimensiones pintada en estéril blanco. Al poco, tuvo la sensación de ser confundida con un acerico. Sin saber por qué, recordó a su abuela y como clavaba y desclavaba alfileres y agujas mientras hilvanaba prendas para probar a las clientas o para que sirviesen como guía sin pérdida a la máquina de coser. 
Le intrigaba el especial sentido de profundidad de clavado que poseía su yaya para no taladrarse la muñeca ni una única vez, ni se perforaba jamás el pecho, cuando hincaba en él indiscriminadamente agujas o alfileres sin en apariencia,tocar piel…  ¿Es que acaso llevaba un acerico oculto bajo su sujetador. O le importaban tan poco sus pechos como para atiborrarlos a pinchazos? Nunca halló respuesta para esa incesante pregunta que jamás se había atrevido a formular.
Se le ocurrió pensar en las posibles  consecuencias funestas que podría tener esa costumbre si su abuela fuese una mujer de hoy, y pudo visualizar en su mente, sin problemas, unos implantes de silicona chorreando relleno a través de la piel que hasta entonces, había sido capaz de ocultarlos bajo el músculo pectoral.
Un estremecimiento repulsivo la hizo conmover mientras se sometía al tratamiento de acupuntura que le aliviaría de rigidez y dolores y... como revulsivo, intentó leer un pequeño relato que formaba parte del total en un libro de relatos; cuando recibió la advertencia de Fernando, el acupuntor:
— No es conveniente mantener los ojos abiertos—
Cerró los ojos, y al poco, perdió la conciencia del lugar, del encierro y de la picazón que le producían las agujas clavadas en su cuerpo.
Intentó abrir un ojo para mirar el reloj, pero la luz se había apagado, no se escuchaba ruido alguno y se quedó quieta…

Quince días después…
Fernando que regresaba de su viaje a Londres caminaba hacia su consulta. Habían sido unas vacaciones perfectas. Londres le premió con su clima singular… Desde siempre había deseado conocer la famosa niebla más espesa que un puré de guisantes, que tantas veces había leído en libros detectivescos, o escuchado decir en películas del mismo género... Ahora conocía exactamente  cómo era una "niebla puré de guisantes" que tanto le había costado visualizar en su imaginación…
Se sentía reconfortado, le había abandonado el estrés…
Cerca de su consulta, descubrió un cartel pegado a una columna que soportaba una farola… 
¿No era aquella su paciente?...
Un cartel reclamaba la presencia de una mujer joven que él recordó…
La mirada se nubló a su alrededor… El suelo se le acercaba, la calle parecía moverse…
En el portal de su consulta existía un hedor imposible de soportar. Enseguida pensó en la gambas que habían disfrutado la última mañana de consulta como aperitivo a las doce del mediodía. Estaba seguro de haber bajado la basura...
Un sudor frío recorrió su espalda convertido en profundo dolor…
Cuando abrió la cabina, la camilla chorreaba una masa pútrida, infecta, corrupta, de la que podían aún reconocerse unos ojos cerrados y sobresalían a su alrededor a modo de “pinchitos” metálicos un montón de agujas de acupuntura.
Fernando se apresuró, llenó una bolsa de plástico con la masa informe y corrió con ella a cuestas escaleras abajo hasta el contenedor de basuras más próximo sin que nadie le viese; antes que diesen las diez de la mañana y llegase a la cita el siguiente paciente.
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©copyright Mercedes del Pilar Gil Sánchez #AbuelaTeCuenta