jueves, 29 de octubre de 2015

Mi Capítulo de Crow Mirror

Capítulo XVI de la novela conjunta LA MANSIÓN CROW MIRROR

La visión del expediente que contenía su nombre no se le quitaba de la mente, ni le dejó dormir aquella noche.
La conversación mantenida con Mery karenina le había llenado de una nerviosa curiosidad que preocupaba su mente hasta tal extremo de hacer doler su cabeza.
Se tomó un calmante e intentó dormir.
¡No era posible!
No dormiría aunque viniese un coro de ángeles a cantarle un nana.
¡Estaba más que decidido! No habría más remedio que volver. Debía regresar a aquel lugar lúgubre y maldito. Debía leer qué decían de sí aquellos papeles descubiertos en el desván.
Sabía que estarían alerta, que no había podido esconder su presencia en el lugar. Se puso un pantalón ceñido negro y un jersey del mismo color. Manchó su cara en el betún que utilizaba para hacer lucir sus botas, buscó entre sus cosas  algo que sirviese de gancho… Sacó las perchas del armario, de las que extrajo una a una su hierro colgador. Arrancó el cable de la lámpara que reposaba sobre la mesita de noche… Ató todos los ganchos por su extremo recto, utilizó su sabiduría de pescador para atarlos, igual que empataba el anzuelo con un nudo extremadamente seguro.
No se le olvidó forrar con cinta aislante las puntas de los ganchos, sin hacerles perder la punta, con la única finalidad de atenuar el ruido que en la noche, hubiera sido suficiente para delatarle.
La cuerda que consiguió no era demasiado larga pero la haría servir. La haría ser útil… Todo sería tener que volver mañana.
De lo que estaba muy seguro es que no cejaría hasta conocer letra a letra el contenido de ese informe.
El primer obstáculo con que se encontró, contaba con él de antemano. La verja de entrada a la mansión. La estudió bien, muy bien aquel primer día que llamó y no le abrieron, tuvo tiempo suficiente para adentrarla en su mente y estudiarla profundamente.
Le preocupaba, el tiempo que hacía que no escalaba, le preocupaba también no tener el equipo necesario, contaba sólo con lo que había en aquel armario y unas pocas cosas que traía en su maleta y formaban parte de su equipo detectivesco.
Se colocó sus guantes de piel, que por suerte, también eran negros.
Trepó la cancela de entrada ayudándose únicamente de sus manos, sus pies y su buena forma física.
Corrió agazapado a través de la amplia explanada que separaba la verja de la casa.
La noche camuflaba su presencia, envolviéndole en un oscuro anonimato.
Al llegar frente a la casa, lanzó el gancho, lió a su muñeca el extremo de la cuerda y pudo trepar hasta la base del balcón de la primera planta.
Debió ir superando tramo a tramo cada una de las alturas, hasta hacerse llegar a la altura del desván.
La claraboya permanecía abierta y su cuerpo la traspasó a duras penas, entonces pensó en que había engordado y debía cuidarse más, dejar el bourbon e intensificar sus ejercicios.
Sacó su linterna de campaña, la misma que utilizó en la guerra, formaba parte de uno de aquellos recuerdos que tantas veces quiso olvidar.
Se desplazó con sumo cuidado de no tropezar con nada para no delatarse, aunque su imagen mental, le podría guiar hasta sin linterna. Peter gozaba de una exquisita memoria fotográfica de esas que solo poseen los buenos detectives.
Fue derecho hacia la puerta secreta y sin dudar la abrió con cuidado de no dejar oír chirridos.
¡No podía ser!

Se quedó paralizado al ver que él no era el único que esa noche le había costado dormir.
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