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lunes, 12 de octubre de 2015

La Lluvia en los cristales



Tintineaba la lluvia en los cristales mientras Esther, sentada frente a la ventana, leía un primaveral libro cuajado de dibujos florales, mariposas, y luz, mucha luz.


La luz era tan importante...


Al cerrar los ojos veía aquél maravilloso sol luciendo en un cielo claro, y limpio de nubes que aliviaba su alma y todo su ser, permitiéndole respirar, llenar de aire sus pulmones encogidos e intimidados. 

Se imaginaba en aquel sueño despierta, corriendo por un prado lleno de bellas y perfumadas flores multicolor, o tumbada al sol en una plácida playa.


La inundación destrozó uno a uno todos sus recuerdos.

El tintineo de la lluvia habitaba cual tortuoso taladro en su cabeza.

Necesitaba soñar.

Necesitaba  soñar un sol radiante en medio de un cielo vestido de la más resplandeciente y bella luz de un delicioso verano.

Copyright © 2015 AbuelaTeCuenta All raights reserved

Este relato ha sido seleccionado para aparecer en un libro de relatos, en el que debía aparecer la palabra "lluvia" 

domingo, 11 de octubre de 2015

Huye!!!

El ojo de la cerradura penetró en mi ojo como un terrible proyectil.

Escuché ruidos y extraños jadeos al regresar a casa, que procedían del interior del dormitorio. 

Tremendamente extrañado, mi primera intención, fue mirar a través del cierre, con la mala suerte, de que la puerta se abrió en el mismo instante en que coloqué mi ojo frente al "ojo" de la cerradura, inclinando para ello mi cabeza, todo cuanto daba esta de sí, pegando además la nariz a la puerta, con mayor presión de lo que pude pegar mi ojo.

El brutal golpetazo, destruyó mi nariz. Penetró en mi ojo el cierre de la puerta. Caí al suelo, clavándome al caer en mis espaldas y a la altura de las lumbares, un tope anclado al suelo que servía para sujetar la puerta en los días de viento. 

Todo esto, me produjo una tremenda conmoción, dejándome alelado y fuera de combate. Tirado tan largo como soy en el helado y duro suelo del pasillo.

Mi esposa, palmeaba mi cara a la vez que... 

¡Escondía a un hombre tras de sí! y musitó en un tono casi inaudible:



—¡No te ha visto! -

__¡Y no puede verte!... - 

__¡Huye! -


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viernes, 9 de octubre de 2015

Volar en un haz de luz

Sentada en mi cama, 

un libo hojeaba.

Mi mente, 

mientras leía flotaba.

Partía de mí.

Ya dentro del libro, 

volaba.

Subía su haz de letras,

trepaba 

por su haz de luz.

Llegué a un mundo de letra,

cielo de fondo violeta,

tintado de tinta azul.

Volé por mares y tierras,

islas pobladas, 

desiertas.

Oscuras sombras inquietas.

Luces, de haces de luz.


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Este poema ha resultado finalista en "Libripedia"

jueves, 8 de octubre de 2015

Te esperé despierta...

Te esperé despierta,

Y te besé en los labios,

Antes que despertaras,

Contemplé la divina luz,

 De tu divina cara,

Me quedé aquí,

Contemplando tus ojos,

Esperando besarlos,

En cuanto despertaras,

Y que fuesen mis labios,

la primera imagen,

 Que el día te regalara.

Esperé en silencio,

Para que ningún sonido,

 Tu quietud truncara.

Antes de abrir los ojos,

Tendiste hacia mí los brazos...

Y quedé envuelta.

En tu bellísimo amor,

En esta bella mañana.


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sábado, 3 de octubre de 2015

OTOÑO

Otoño
Pisar las hojas secas,
mientras paseo por el parque.
Escuchar su placentero rugir,
Oír su crepitar, bajo mis pies.

Añorando otros tiempos,
En otros, maravillosos lugares.
Cuando sobre las hojas saltaba,
Sublimando con mis saltos,
Su delicioso gruñir.

Y mis jóvenes pies
Bullían exaltados de placer,
Protegidos, resguardados.
Abrigados, sumergidos,
En toscos zapatos, 

Anudados sus cordones con dos lazos.
Corrreteaban alegres, alborotados,
Buscando más crujidos,
Más musicales desgarros.

En carreras colegiales,
A las idas y venidas de la escuela.
Transportando sólo un libro,

Y muchos bellos colores.
A los que afilar su punta,
Siempre gastada… y siempre,
Dispuesta a ser otra vez afilada.

Atrapados, sin poder huir,
En una marrón e insustancial,
Mínima maletita de cartón,
Que siempre inquieta, 
Pendía de mi mano.

Escuchar de nuevo,
El rumor del viento,
A la caída de la tarde.
Que revive en mí el recuerdo,
De la voz tranquila,
de mi madre.

Oír el dulce cascabeleo,
De la lluvia golpeando,
En los cristales.

Oler el apacible aroma
De la sedienta tierra,
Que mitiga, ansiosa su sed,
En nuestros parques.

En un eternamente evocador…
Rumor de un nuevo otoñal grito, 
De un siempre nuevo Otoño.


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miércoles, 30 de septiembre de 2015

¡Pobrecita mi Abuelita!

Mi abuelita tiene tos,
Muchos mocos y estornudos,
Además nos deja mudos,
Con los sustos... por la tos.

Su jarabe de cebolla,
Que prepara en una olla,
¡Qué mal que huele, por favor!

Toma infusión de tomillo,
Que corta con un cuchillo
Con el que cortaba el jamón.

Usa un papel de cocina,
Papel de rollo continúo.
Para limpiarse moquito.
¡Ayyyyy!
 ¡Abuelitaaa!... ¡Por favor!

Esta tarde, llegué,
A su casita temprano,
Cogiéndola de la mano,
La llevé a su habitación.

Mientras estaba en la cama,
Cogí su ordenador.
¡Mis dedos sentí pegados!
A las teclas, mis dos manos,
Se adherían sin razón.

¡La pantalla salpicada!
De gotitas distanciadas,
Y gotonas, arrimadas,
Que formaban un borrón.

Lo toqué con mi dedito,
Que se quedó pegadito,
Y al despegarlo, estiró.

¡Ayyyyy!!!!!
 ¡Qué asquito... Abuelitaaaa... Por favorrrrr!!!!!


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La Luna Colorada

La luna se enamoró,
y se puso colorada

Un lucero la besó
en su carita tan blanca

Se puso roja la luna,
y se escondió tras las ramas

No te sonrojes mi Luna,
que mañana en la mañana,
En cuanto estemos a solas,
nos besaremos con calma.

Esto decía el lucero,
y la luna se asustaba.

No quiero que estemos solos,
no quiero besos ni nada.

Pero mi querida Luna,
te esperaré en la mañana
Sin besos, si no los quieres,
no te pongas sonrojada.

Nos iremos de la mano,
a conversar en la cama.

Hablaremos del amor,
que por besos, no pasará nada.

Que besos se dan de amores,
a las lunitas que amas.

Que roja estás muy bella,
pero a mí me gustas blanca.



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sábado, 26 de septiembre de 2015

La leyenda de Luna Blanca

Mi nombre es Luna Blanca y soy hija del jefe sioux Pájaro Rojo:
Hace dos lunas, mientras recogía mágicas hierbas aromáticas para el chamán, descubrí un hombre de tez blanca. 
Sus cabellos tienen el color del redondel central de las margaritas, y caen sin querer caer sobre sus hombros, formando bucles y extrañas ondulaciones. 
Le vi después bañarse en el río friccionándose con algo extraño, que formaba una capa blanca en el agua y desprendía un aroma que hacía recordar algunas flores.
Nunca había visto un hombre de ese color, ni con ese delicioso pelo.
Poco después, extraía de su cuerpo el agua frotándose de nuevo con una tela blanca. Sus cabellos lucían ahora lisos y más oscuros.
Se tendió después al sol y poco a poco, sus cabellos volvieron a adquirir aquel toque arremolinado sobre sí mismos, y sus ondas brillantes volvían a ser claras, y lucían al sol.
Sostenía entre sus manos, una especie de palo que iba dejando surcos sobre algo blanco... que no he sabido qué es.
*
No he contado a nadie que le he visto, y aún que hemos continuado el viaje tras los bisontes, mañana antes de salir volveré a verle. 
Cogeré el caballo y diré al chamán que vuelvo a buscar sus hierbas preferidas.

Esta mañana he regresado a verle.
Ya no hacía surcos con el palo.
Ahora, mantenía la mirada fija en algo que parecía muy importante. Se trataba de algo similar a un cuadrado con muchas cosas cuadradas en su interior que se detenía para mirar atentamente. 
Eran como líneas negras, muy similares a los surcos que él, antes, trazaba. Cuando terminaba de mirar una, la retiraba y pasaba a remirar la siguiente. Y así sin parar durante un buen rato.
Me acerqué para mirarle desde más cerca. 
Sus ojos, poseen el color de un cielo despejado.
*
Ha dicho papá que vamos a pasar unos días en este campamento... 
y ha ordenado que se abran todos los "tipi", pues los bisontes, han han hallado aquí, pasto de su especial gusto.

He vuelto a verle, y esta vez... me acerqué; deseaba que me viese...
Se asustó muchísimo. Le lancé una flor roja y un pequeño trozo de carne seca... 
Después huí.
*
Esta mañana me esperaba. Le encontré en el mismo lugar en el que nos habíamos visto ayer... 
Me ofreció un líquido humeante, que estaba contenido en un pequeño recipiente; parecía haber sido hecho adaptado con un con una especie de anillo como para meter por él un dedo.
¡Qué extraño!
Me acerqué, a él, e hizo un gesto dándose un golpe en el pecho seguido de una palabra, que intuí era su nombre: "Yo... Charlie”.
Contesté copiando ese mismo gesto, y dije: Luna Blanca.
El líquido negro que me había ofrecido, y que él bebía, me pareció amargo… aunque... con olor estimulante.
Tengo miedo...
Temo que mi padre lo descubra.
Se ha apoderado de mí un dolor de pánico... Temo por su vida.
*
Esta mañana, le he explicado a través de mis manos, por señas; que debe marchar. He intentado con todas mis fuerzas hacerle entender que se encuentra en peligro. 
Creo que no me ha entendido. 
Bañaba piedras en el río. Las bañaba, y apartaba pequeñas piedras del mismo color que el de su pelo...
Las bañaba, y me decía algo que tampoco entendí... "Oro" señalando esos pequeños pedazos brillantes.

Huiré con él mañana.
*
Nos encontraremos antes del amanecer, y nadie sabrá en el poblado que he salido... 
Debo hacerme entender.
Temo tanto que nos descubran...

Tú, yo… lejos…
Tú, yo… lejos… le dije acercando mi mano hacia mi pecho, señalándole a él después, y estirando el brazo hacia la lejanía en un gesto desesperado por ser comprendido...
Le mostré mi caballo, e indiqué que debía coger el suyo...
¡Creo que me ha comprendido! 
Aunque advierto, un gesto bobalicón en su cara, a la vez que frunce el ceño con extrañeza...

En la lejanía, escuchamos ruidos de caballos y cánticos indios.
El estado inminente de peligro, consigue hacer que huyamos.
Consigue, que tras coger una bolsa llena de piedras amarillas, salgamos cabalgando a todo galope de allí.
*
Le amo. 
Sé que le amo cada vez más, y con mayor fuerza.
Y lo más importante, sé, que él me ama, y que seremos inmensamente felices.

Llevamos algún tiempo viviendo en su tierra, entre los "suyos". 
Le amo; le amo con todas mis fuerzas, y... echo de menos a los míos, cada vez que siento el rechazo de sus congéneres... Los blancos.
Cada vez que me dicen: 
“Salvaje piel-roja”, o cuando en la calle, escupen a mi niño y le llaman “maldito dos-sangres”.

Huyamos, dulce amor mío, busquemos un lugar libre de prejuicios y de miedos, donde sólo brille para nosotros, la luz del maravilloso sol que iluminará por siempre nuestro amor.
Un lugar en que no existan razas, ni desigualdades, un lugar libre y maravilloso en el que nadie te pueda nombrar como "blanco" o piel roja sea para alguien yo.
Fundemos el paraíso "igualdad" 
Nuestros hijos son carne y sangre, sin diferencias, sin desigualdades... tal como tú y yo, únicamente somos amor... hombre... y... mujer... unidos para amarnos hasta el fin.
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jueves, 24 de septiembre de 2015

FRUSTRADA



¡Cuánta fuerza y qué poca puntería!

¡Protesté!

Pasaban casi dos meses de aquella noche, en la que liberé

mi cuerpo, mi alma y mi pudor ante aquel desconocido maravillosamente torneado a base de gimnasio, en el que 
se podrían estudiar uno a uno, todos los músculos de todo 
el cuerpo.

Llevaba esperando tanto tiempo una ocasión así…

Había sido una entrega absoluta. 

Hasta había puesto el mayor de los amores fingidos.

Quizá me faltó eso… 

Que no le amaba, pero le sentí como un amor...
Después de todo, había sido lo más parecido al amor 
que había conocido.

Han sido casi dos meses de ilusión, de sentirme mamá.

Grité enojada:

¡El músculo, no sirve absolutamente para nada!

#AbuelaTeCuenta 
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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Ya noto menos la soledad

El día en que decidió asistir al curso de alfabetización informática, creyó que no le serviría para nada, y que además, se reirían de ella, sus vecinos, sus hijos y todos los familiares que había a su alrededor. Hasta creyó que se reiría de ella, su pequeña nietecita Elena que a sus siete años, sabía manejar el ordenador como una verdadera maestra.
Un día, que su hijo Eleuterio, llamó por una videoconferencia, Elena, le había ayudado a encender el ordenador, y a  establecer el contacto con la llamada.

Ahora, que el curso había concluido, se sentía orgullosa de sí misma, y hasta hablaba de ello con quienes se cruzaban en su portal, en el ascensor… En la cola de la caja, a la cajera del súper. Se sentía feliz, al principio, no era consciente de la importancia de aquél curso. Pero conforme había ido pasando el tiempo, y se fue quedando con la “tecla” fue cobrando importancia en su mente. Hasta se había hecho una cuenta en una red social de bastante relevancia, donde encontró amigas de la infancia, amigas que hacía años no sabía nada de ellas. Aunque… muchas veces no estaba segura de si eso era bueno del todo. 
Se sentía muchas veces, como entrando en casas ajenas sin permiso, y se entretenía mirando las fotografías que allí, colgaban sus amigas nuevas y sus amigas antiguas. Se enteraba así, de si hacían alguna celebración a la que no había sido invitada, y algunas veces se molestaba, pero las más de las veces, se alegraba de ver a sus amigas felices. Desde que perdió a su marido, siempre se había sentido sola. 
Sabía que continuaba estándolo, pero aquella ventana a la luz de su monitor, la transportaba a la vida, devolviéndole en parte a la sociedad que junto a su marido, creía perdida para siempre. 
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