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sábado, 26 de septiembre de 2015

La leyenda de Luna Blanca

Mi nombre es Luna Blanca y soy hija del jefe sioux Pájaro Rojo:
Hace dos lunas, mientras recogía mágicas hierbas aromáticas para el chamán, descubrí un hombre de tez blanca. 
Sus cabellos tienen el color del redondel central de las margaritas, y caen sin querer caer sobre sus hombros, formando bucles y extrañas ondulaciones. 
Le vi después bañarse en el río friccionándose con algo extraño, que formaba una capa blanca en el agua y desprendía un aroma que hacía recordar algunas flores.
Nunca había visto un hombre de ese color, ni con ese delicioso pelo.
Poco después, extraía de su cuerpo el agua frotándose de nuevo con una tela blanca. Sus cabellos lucían ahora lisos y más oscuros.
Se tendió después al sol y poco a poco, sus cabellos volvieron a adquirir aquel toque arremolinado sobre sí mismos, y sus ondas brillantes volvían a ser claras, y lucían al sol.
Sostenía entre sus manos, una especie de palo que iba dejando surcos sobre algo blanco... que no he sabido qué es.
*
No he contado a nadie que le he visto, y aún que hemos continuado el viaje tras los bisontes, mañana antes de salir volveré a verle. 
Cogeré el caballo y diré al chamán que vuelvo a buscar sus hierbas preferidas.

Esta mañana he regresado a verle.
Ya no hacía surcos con el palo.
Ahora, mantenía la mirada fija en algo que parecía muy importante. Se trataba de algo similar a un cuadrado con muchas cosas cuadradas en su interior que se detenía para mirar atentamente. 
Eran como líneas negras, muy similares a los surcos que él, antes, trazaba. Cuando terminaba de mirar una, la retiraba y pasaba a remirar la siguiente. Y así sin parar durante un buen rato.
Me acerqué para mirarle desde más cerca. 
Sus ojos, poseen el color de un cielo despejado.
*
Ha dicho papá que vamos a pasar unos días en este campamento... 
y ha ordenado que se abran todos los "tipi", pues los bisontes, han han hallado aquí, pasto de su especial gusto.

He vuelto a verle, y esta vez... me acerqué; deseaba que me viese...
Se asustó muchísimo. Le lancé una flor roja y un pequeño trozo de carne seca... 
Después huí.
*
Esta mañana me esperaba. Le encontré en el mismo lugar en el que nos habíamos visto ayer... 
Me ofreció un líquido humeante, que estaba contenido en un pequeño recipiente; parecía haber sido hecho adaptado con un con una especie de anillo como para meter por él un dedo.
¡Qué extraño!
Me acerqué, a él, e hizo un gesto dándose un golpe en el pecho seguido de una palabra, que intuí era su nombre: "Yo... Charlie”.
Contesté copiando ese mismo gesto, y dije: Luna Blanca.
El líquido negro que me había ofrecido, y que él bebía, me pareció amargo… aunque... con olor estimulante.
Tengo miedo...
Temo que mi padre lo descubra.
Se ha apoderado de mí un dolor de pánico... Temo por su vida.
*
Esta mañana, le he explicado a través de mis manos, por señas; que debe marchar. He intentado con todas mis fuerzas hacerle entender que se encuentra en peligro. 
Creo que no me ha entendido. 
Bañaba piedras en el río. Las bañaba, y apartaba pequeñas piedras del mismo color que el de su pelo...
Las bañaba, y me decía algo que tampoco entendí... "Oro" señalando esos pequeños pedazos brillantes.

Huiré con él mañana.
*
Nos encontraremos antes del amanecer, y nadie sabrá en el poblado que he salido... 
Debo hacerme entender.
Temo tanto que nos descubran...

Tú, yo… lejos…
Tú, yo… lejos… le dije acercando mi mano hacia mi pecho, señalándole a él después, y estirando el brazo hacia la lejanía en un gesto desesperado por ser comprendido...
Le mostré mi caballo, e indiqué que debía coger el suyo...
¡Creo que me ha comprendido! 
Aunque advierto, un gesto bobalicón en su cara, a la vez que frunce el ceño con extrañeza...

En la lejanía, escuchamos ruidos de caballos y cánticos indios.
El estado inminente de peligro, consigue hacer que huyamos.
Consigue, que tras coger una bolsa llena de piedras amarillas, salgamos cabalgando a todo galope de allí.
*
Le amo. 
Sé que le amo cada vez más, y con mayor fuerza.
Y lo más importante, sé, que él me ama, y que seremos inmensamente felices.

Llevamos algún tiempo viviendo en su tierra, entre los "suyos". 
Le amo; le amo con todas mis fuerzas, y... echo de menos a los míos, cada vez que siento el rechazo de sus congéneres... Los blancos.
Cada vez que me dicen: 
“Salvaje piel-roja”, o cuando en la calle, escupen a mi niño y le llaman “maldito dos-sangres”.

Huyamos, dulce amor mío, busquemos un lugar libre de prejuicios y de miedos, donde sólo brille para nosotros, la luz del maravilloso sol que iluminará por siempre nuestro amor.
Un lugar en que no existan razas, ni desigualdades, un lugar libre y maravilloso en el que nadie te pueda nombrar como "blanco" o piel roja sea para alguien yo.
Fundemos el paraíso "igualdad" 
Nuestros hijos son carne y sangre, sin diferencias, sin desigualdades... tal como tú y yo, únicamente somos amor... hombre... y... mujer... unidos para amarnos hasta el fin.
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