miércoles, 23 de septiembre de 2015

Ya noto menos la soledad

El día en que decidió asistir al curso de alfabetización informática, creyó que no le serviría para nada, y que además, se reirían de ella, sus vecinos, sus hijos y todos los familiares que había a su alrededor. Hasta creyó que se reiría de ella, su pequeña nietecita Elena que a sus siete años, sabía manejar el ordenador como una verdadera maestra.
Un día, que su hijo Eleuterio, llamó por una videoconferencia, Elena, le había ayudado a encender el ordenador, y a  establecer el contacto con la llamada.

Ahora, que el curso había concluido, se sentía orgullosa de sí misma, y hasta hablaba de ello con quienes se cruzaban en su portal, en el ascensor… En la cola de la caja, a la cajera del súper. Se sentía feliz, al principio, no era consciente de la importancia de aquél curso. Pero conforme había ido pasando el tiempo, y se fue quedando con la “tecla” fue cobrando importancia en su mente. Hasta se había hecho una cuenta en una red social de bastante relevancia, donde encontró amigas de la infancia, amigas que hacía años no sabía nada de ellas. Aunque… muchas veces no estaba segura de si eso era bueno del todo. 
Se sentía muchas veces, como entrando en casas ajenas sin permiso, y se entretenía mirando las fotografías que allí, colgaban sus amigas nuevas y sus amigas antiguas. Se enteraba así, de si hacían alguna celebración a la que no había sido invitada, y algunas veces se molestaba, pero las más de las veces, se alegraba de ver a sus amigas felices. Desde que perdió a su marido, siempre se había sentido sola. 
Sabía que continuaba estándolo, pero aquella ventana a la luz de su monitor, la transportaba a la vida, devolviéndole en parte a la sociedad que junto a su marido, creía perdida para siempre. 
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