lunes, 14 de septiembre de 2015

Una Rosa y una Margarita

¡Que suban las “rosas”!

dijo el conductor de la barca, lanzando una lisonja, que dirigía hacia mí, 
y hacia mi amiga Margarita. 

- Perdón, pero… yo no soy Rosa, yo soy Margarita – 

Contestó mi amiga un tanto enfadada. 

- ¡Suba entonces…La Margarita y la Rosa! -

Mucho mejor, un ramillete, que una única flor. 

Ganaremos en belleza, en perfume y en candor.

Aquél día Margarita, floreció de puro amor.

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