analyticstracking.php

analyticsTraking

viernes, 30 de diciembre de 2016

Una Navidad en Familia

Con todo el amor de madre y esposa preparó la cena de Navidad y colocó la mesa con el mayor de los esmeros, cuatro platos, cuatro copas, cuatro cubiertos… sin olvidar los adornos navideños que tanto gustaban a Rosa, su Rosita preciosa a la que llevaba más de cuatro meses sin poder besar, sin poder dar las buenas noches y arroparla mientras charlaban de como se habían dado los pequeños acontecimientos del día a día.

Rosita había desaparecido sin dejar rastro el mismo día en que cumplió los dieciocho años, tras la fiesta a la que acudieron además de ella todos sus amigos. El último recuerdo de la madre estaba grabado a fuego en su mente, en un lugar privilegiado del que jamás podría desaparecer, el recuerdo consistía en una imagen de su Rosita cuando tras haberle dado un beso y decirle: “No vuelvas tarde mi niña” ella, su Rosa, su niñita del alma, le dedicó una complacida, aunque enigmática sonrisa, en la que aún dejando a la vista sus hermosos dientes, no implicaba aquel gesto a sus ojos. Beatriz conocía muy bien a Rosita y conocía sus sonrisas “verdaderas”. El gesto, no le gustó, aunque no podía pensar que no volvería a verla.

Comenzaron las apariciones en televisión, en radio, los carteles desesperados en redes sociales… Las discusiones en casa.

“¡Tú eres la culpable, tú que la consientes todo!”

“¡Tú, que le has dado alas siempre y la has dejado salir con quienes no le convenían!” Reproches que siempre hacían referencia a ella, a los amigos, al entorno externo a la casa familiar… 

Su esposo, jamás caía en la auto culpa o en pensar en que la represión muchas veces da lugar a la evasión, al desespero o a la "desaparición".

Beatriz tampoco se paraba a pensar en nada más que en el recuerdo de su niña, en su sonrisa, en el posible mensaje implícito en su último gesto…

Su último mensaje televisado no lo dirigió al público como los anteriores, lo personalizó en su hija:

“Rosita, mi niña… entenderé que no desees regresar, dime únicamente que donde estás te encuentras a gusto y bien”

Se sentaron a la mesa sin deseo, sin ganas de celebración, todos, menos Beatriz que la ilusión se había renovado en ella en ese día y en esa mesa. Los miembros restantes de la unidad familiar no comprendían el cambio.

—¿Qué ocurre mamá, sabes algo que no sepamos?—preguntó Manuel, su hijo mayor y, Beatriz contestó con la misma sonrisa que recordaba impresa en la cara de su Rosita.

Tras la cena, la sonrisa enigmática, se había borrado del rostro de la madre, había regresado el que desde hacía cuatro meses, era un rictus de tristeza…

En el salón de su casa únicamente reinaba el silencio que a las doce en punto, fue trasgredido por una estridente llamada telefónica con un número desconocido de esos que nadie en casa contestaba. Beatriz corrió a recibir la llamada y antes de contestar regresó a su cara la sonrisa de esperanza.

—¡Estoy bien mamá!
Fue la única frase que reprodujo aquella llamada.

©Mercedes Del Pilar Gil 
No existe mejor opinión que la tuya! No te cortes, comenta, comparte, participa!!!

#AbuelaTeCuenta  Copyright © 2016 

AbuelaTeCuenta All rights reserved