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miércoles, 23 de noviembre de 2016

A la Oronda Luna

Se ancheó la luna
Engordó comiendo
Rabos de cerezas.

Se aumentó la luna
Se mostró redonda
Oronda, rechoncha
Mofletuda y bella.

No serás ya globo
No eres satélite
Ni serás cometa
Que eres un mundo.

Te poblarán brillos
Dulzones fulgores
Que nutren de luces
Tus blancas arenas.

Si me escuchas, luna…
Si estás aún, despierta…

Come más rabitos
De dulces cerezas...
Porque así de gorda...
Resultas más bella.

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El EGO

Volaba Adelina, con su ego inflado.
Surcaba los cielos, con ego agarrado,
Inflado de ego, y por ego regado…
Su globo surcaba los cielos volando.

Volaba Adelina, volaba muy alto…
De pronto, al cielo, se acerca un pato
Cansado, aturdido, en el ego hace alto.

Asustada Adelina, asusta al pato
¡Salte de mi ego… Asqueroso pato!
Temiendo caerse, del ego inflado,
Clavó sus uñitas, al globo, el pato…

Se escapa del ego, el ego inflado,
Del ego huía, el ego regado…

Cayó Adelina de un ego tan alto…
Que rompió su ego, y el ego del pato.

Estiró la pata… Adelina… Su ego…

Y el pobrecillo del pato.

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martes, 15 de noviembre de 2016

Recitando a poetas en la X Muestra de Cine Documental Iberoamericano

Hoy, recito en la 
"X Muestra de Cine Documental IberoAmericano"
Pondré voz a Raúl Gómez Jattin 
Poeta de Colombia
y también al gran poeta
 Humberto Díaz Casanueva de Chile


Unberto Díaz Casanueva

Doto mi vida de una esperanza agónica

Úntenme manos traspasadas por un 

clavo de oro macizo, 

manos cuelgan del hombre 
manos pinchadas
Tengo hambre 
hambre del sueño que afluye en la 
mínima sal 
Todo mi cuerpo pegajoso 
de moscas sucias y doradas


Raúl Gómez Jattin

Si las nubes no anticipan

Si las nubes no anticipan en sus formas la 

historia de los hombres 

Si los colores del río no figuran los designios del 
Dios de las Aguas 
Si no remiendas con tus manos de astromelias las 
comisuras de mi alma 
Si mis amigos no son una legión de ángeles 
clandestinos. Qué será de mí 

Ayer, recité con todo gusto, a 
Gonzalo Rojas Sánchez
Un ilustre poeta chileno.


Gonzalo Rojas

Carta del suicida

Juro que esta mujer me ha partido los sesos,
Por que ella sale y entra como una bala loca,
Y abre mis parietales y nunca cicatriza,
Así sople el verano o el invierno,
Así viva feliz sentado sobre el triunfo
Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,
Así padezca el látigo del hambre,
así me acueste
O me levante, y me hunda de cabeza en el día
Como una piedra bajo la corriente cambiante.

Así toque mi citara para engañarme, así
Se habra una puerta y entren diez mujeres desnudas,
Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen
Unas sobre otras hasta consumirse.

Juro que ella perdura porque ella sale y entra
Como una bala loca,

Me sigue a donde voy y me sirve de hada.
me besa con lujuria
tratando de escaparse de la muerte,
y, cuando caigo al sueño, se hospeda en mi columna
vertebral, y me grita pidiéndome socorro,
me arrebata a los cielos, como un cóndor sin madre
empollado en la muerte.


Hoy, jueves 17 de Octubre de 2016, en el festival de Cine Documental Iberoamericano he puesto voz a dos mujeres de las conocidas como 
"Las Sin Sombrero"
Rosa Chacel
y
María Zambrano



Estos son algunos de los poemas leídos en la Muestra 
Grandes poetas!!! 
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viernes, 4 de noviembre de 2016

Gracias

Número 17 en Bitacoras 2.016
Miles de millones de gracias por cada uno de esos preciosos votos que he percibido como el mayor de los cariños.

Yo, También Os Quiero!!!


martes, 1 de noviembre de 2016

Ocaso



Contemplé tu vagar desde arriba, y por unos minutos, te vi, reflejado en el agua.

En ocaso, sin vida, tu luz se perdía en la calma.

Mis alas extendidas planean sobre ti sin miradas, sin sentidas caricias, sin virtud, sin amor… Sin palabras.

Vi tus luces vencidas, que en destellos opacos brillaban y el regreso, el retorno hacia casa marcaban.

Esquivé las curiosas antenas que extendías airoso en tu pausa, y volé alejando mi cuerpo, de la sombra, que sin luz amenaza.

Elevé hacia el cielo mi cuerpo que, quedó a tus rayos asido... Voló enredado de tu alma.


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Hoy, Cabalgo en una Estrella

Subí esta noche a la luna
cabalgué sobre una estrella,
recorrí todos sus picos...
En su luz brillé con ella.
Cabalgué la noche oscura
hablé, quedito en su oreja.
Vi que llegaba un lucero
que su resplandor me dijo
un saludo de mil letras,
que brillaron descaradas
en sopa rica de estrellas.
En lo oscuro de la noche
tiré fuerte de las riendas
y paré ante el gran parque,
de las pequeñas estrellas...
Y jugué a peinar sus rizos
a mecerme en sus linternas,
y acaricié los suspiros
de luces de los cometas.
Delante de mí jugaba
a encenderse y apagarse
muy travieso, un planeta.
Que en su código hablaba
del sonido de los mundos 
y resplandor de otras tierras.

¡Paséame por el cielo
mi caballito de estrella,
que quiero ver a mis padres
y a mis queridas abuelas!
Paséame a trotecito...
De quietud fija de estrella.

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La Abuela en la radio Onda Cádiz

En Onda Cádiz Radio; Maravillosa experiencia.




La Abuela en IslaCultura 2016

Puedes ver aquí el vídeo
https://www.youtube.com/watch?v=0sQCmAHfCSM




Leyendo en Islacultura

Con Patricia Cavada, la alcaldesa de San Fernando, en Islacultura
 Leyendo en Islacultura
Con Maricarmen Rubio.

domingo, 30 de octubre de 2016

Hablando del Deseo

Te soñé
En mis noches sin sueño
Te alcancé
Al buscar mis recuerdos
Añoré
Tus mensajes
Sin palabras... Sin gestos
Mezclé
Tu sonrisa con mis risas de viento
Deseé
Tus caricias,
Tus palabras no dichas,
Tu amor
En la luz de mi amor.
Y tu piel,
Que en mi piel tatuada
Hablase
Multitud de poemas
Henchidos
De locura y pasión

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domingo, 23 de octubre de 2016

Esperándote


Las doce en punto y no estás.

He fotografiado el naranjo a esa hora, como muestra de mi angustiada desesperación.

Desolado, abandonado en soledad tal como si él fuese yo.

He visto pasar las horas sentada aquí frente a él, he contado sus naranjas, las amarillas de sombra y las más rojas también.

Puedo decir amor mío que hasta sus hojas más verdes... Puedo decir sin dudarlo, que se encuentran en sus ramas contadas de tres en tres.

Él recibía el sol mientras yo me asolaba, y son... casi ya las seis.

Te he enviado mensajes, te ha llamado, he derramado en el móvil de lágrimas… Más de cien.

¿Por qué es que no contestas?

¿Por qué no llegas… Por qué?...

¿Es que no ves amor mío que aquí estoy desde las diez?

Que me tienes asustada, que… Sufro por ti, que muero, que me invade hasta la sed…
*
Pasó por aquí hace un rato, Albertina (la del tren)

Me ha dicho que… Acompañado te ha visto precisamente a las tres, que salías de un burguer con una de mis amigas… Sí, la más guapa, Maribel.

Que la paseas del brazo como si ella, fuese ahora tu mujer.

Espero…

¡Recuérdalo por tú muy bien!

Que si me entero, que si te veo con ella…

La que ahora te ama… No habrá de hacerte bien.

Y… Ella, que yo no la vea, que se esconda, que…

¿Pero es que no ves que te amo, como ella, jamás sabrá hacer?

¿No te das cuenta amor mío que ella no te quiere bien?

Que está enamorada de otro, al que tú conoces.

Tu hermano Andrés, y sólo se acerca a ti para estar cerca de él.

Y como ella te dañe… Como esa arpía te hiera… 

No habrá lugar en la tierra donde se pueda esconder.

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lunes, 17 de octubre de 2016

Una fiesta de Halloween

El día amaneció dentro de la cotidianidad: Despertar, duchar y, desayunar son los tres actos más automáticos que Leopoldo hacía después del latir de su corazón y de su respiración, que salvo en las tardes de piscina y alguna que otra zambullida en la bañera, solía producirse a su ritmo, y automáticamente. Y… el ir al instituto a dar clases... Aunque hoy Existía una excepción, y es que hoy, es sábado y no irá a dar clases al instituto de Educación Secundaria de “La Oleada del Tedio”

Sobre las once de la mañana, llamaron a la puerta.

Desacostumbrado Leopoldo a que tales hechos perturbasen sus días, se sobresaltó, aunque acudió a abrir sin demasiada premura, aunque también, sin demasiada demora.

—¡Buenos días!—Saludó aquella especie de cartero que asomó como primera muestra física de su persona, la nariz, aprovechando el primer resquicio de apertura en la puerta.

—Buenos días. —contestó Leopoldo un tanto tímidamente y en tono de sorpresa.

—Le traigo una invitación personal, que he de entregar en mano. —Se produjo una pausa y prosiguió…

¿Es usted Don Leopoldo Grana Cerezo, profesor director del Instituto de Enseñanza Secundaria de “La Oleada del Tedio”?—

—Sí, soy yo… Salvo por un pequeño error…

No soy director del Instituto. Soy profesor de Ciencias Inexactas.—

—¿Querrá usted decir Ciencias Exactas. No, Señor Leopoldo? —Rectificó el señor cartero un tanto escéptico.

—No. Ciencias exactas corren por cuenta de mi compañero Demetrio. Yo, me dedico a impartir “Inexactas” y… No crea usted, es una asignatura muy interesante. —Puntualizó el profesor, ratificándose en la importancia de una inusual asignatura, pero con demanda de impartición y en auge.

Es más, —Continuó Don Leopoldo. —Tenemos la gran suerte de que La Oleada del Tedio, goce de la gran distinción de poseer la única aula del pueblo que imparte esta sin par disciplina.
El cartero notó la inmensa gana de Don Leopoldo en explicar su metodología y pormenores sobre la asignatura y entonces, sin aviso previo, decidió cortar por lo sano interrumpiendo al institutor bruscamente.

Sacó de su carpeta un sobre sellado, y sin más preámbulos, se lo colocó a la altura del pecho (casi tocando al hombre) perturbando su tranquilidad con la brusquedad del hecho.

Acompañó la sequedad del gesto, con éstas secas palabras:
—¡Debe usted firmar aquí, para que pueda justificar la entrega de la misiva…

Ha de poner la fecha y la hora, acompañadas de su número de identificación social!...

—¿Identificación social? —Preguntó extrañado el galeno —¿Quizá quiera usted decir que debo poner el número de identidad?…

—¡Debe usted poner el de identificación social… Pero… si lo que desea poner es el de Identificación… Ponga usted el que le venga en gana!

Cada vez más sorprendido, Leopoldo firmó, buscó su número de identificación Social y lo plasmó en el papel ofrecido por el extraño cartero. Firmó, y terminó de manchar el blanco del papel con la fecha y la hora.

Cerró la puerta, el hombre que había perturbado su mañana de sábado, bajó las escaleras, tal como había subido, sin hacer ni pizca de ruido.
Leopoldo, rasgó el sobre sin protocolo alguno, sin miramientos, tanto que el sello plasmado en su frontal y su nombre, quedaron separados en dos mitades y con una rotura en forma de ese.
La envoltura del sobre, dejó al descubierto una invitación diseñada con todo esmero y cuidado.
La invitación decía así:

Los Duques de Oleada del Tedio tienen el gusto de invitarle a la fiesta que se celebrará esta misma noche.
Como ya sabrá, Señor Leopoldo, esta noche tendrá lugar en nuestro palacio la fiesta anual de Halloween en la que será usted nuestro real invitado de honor.
Contamos con su ilustre presencia.
Un saludo cordial.
Avarado y Bramuela (Duques de Oleada del Tedio)

Jamás había oído hablar de los duques, aunque sí sabía de un palacio en el pueblo, del que desconocía datos de inquilinos o linaje. Leopoldo en un principio quedó un tanto desconcertado y, le embargó una pequeña suspicacia, un atisbo de desconfianza que encogía su corazón. Releyó más de una vez la misiva… y… Sacó en conclusión, que… Desde su perspectiva de profesor de instituto, no halló en aquella invitación ningún dato que le hiciese persistir en su desconfianza…

A la tercera o cuarta revisión, pensó que estaría muy bien recordar aquellas noches de Halloween de cuando era pequeño, el susto del disfraz…

Recordó aquella vez que mamá lo vistió de zombie, cuando le mostró el disfraz y el maquillaje en el espejo… ¡Jajajaja! Cuánto lloró al no comprender que tras ese maquillaje quien estaba allí era él mismo.

¡Qué susto tan grande!... (Pensó con el cariño de un feliz recuerdo).
Aquella otra vez, que llegó de la calle y le abrió la puerta disfrazado de vampiro, su hermano Edelmiro…

No podía dejar de llorar, y el susto fue tan grande que se le cortaba la respiración, y corría peligro de perder el conocimiento.

Recordaba a su asustada mamá intentando tranquilizarle, diciéndole que los colmillos que presentaba su hermano asomando entre sus labios eran de juguete, y que no servían para morder, por su inconsistencia y su falta de filo.

—¡No pinchan, ves… No pinchan! —Trataba de convencerle su madre aplastando los colmillos (ya fuera de la boca de Edelmiro) una y otra vez, contra la palma de su mano.

Poco a poco, su hermano fue quedándose sin disfraz (con lo contento y gracioso que estaba creyéndose un verdadero vampiro)
Mamá le fue quitando la capa, las pinturas rojas que simulaban la sangre, sus espléndidos colmillos, la cicatriz escrita con pintura negra… y el pico pintado en la frente, que asomaba por debajo de su pelo.

Lo despeinó, le quitó el repeinado. Recordaba la cara de Edelmiro risueña al abrirme la puerta, y como se fue enturbiando su semblante a medida que su mamá le privaba de su presencia como vampiro; y como terminaron los dos llorando. Él, de repente, a causa del pánico y Edelmiro, poco a poco, a medida que iba perdiendo sus atributos vampíricos.

¡Pobre Edelmiro! Después recordó que hubo de consolarle por chafarle la noche de dicha y protagonismo.

Hasta tuvo que prometerle hacer su tarea del colegio por una medida inexacta de días, que se fue convirtiendo en costumbre.
Perdido en esos graciosos e íntimos pensamientos, le asaltó una duda…

No había preguntado al portador de la carta si debía ir disfrazado…
Halloween es la noche del disfraz —Pensó de nuevo en la invitación… Y ello le hizo decidir que se trataba de una fiesta de Halloween convencional. Como todas las fiestas de Halloween…
Según la experiencia de Leopoldo, eso significaba que debía disfrazarse.

Se agenció un disfraz que confeccionó con una sábana blanca, a la que pintó y recortó el contorno de unos ojos redondos y grandes. Se lo probó, y… quizá por la excitación le invadió un repentino sueño.
Sobre las ocho de la tarde, despertó de su siesta y se encaminó enfundado en la sábana hacia el palacio del pueblo.

Entró sin llamar.

Llevaba en la mano y en lugar visible la invitación, por si alguien se la requería.

Le extrañó que nadie le mirase ni le diese importancia alguna.
Aunque él… siempre tan cortés, saludaba a quienes se le cruzaban, a quienes veía de frente, a quienes pasaban cerca… Había saludado a todos los invitados al cabo de un rato de presencia en la fiesta…

Le extrañó ver a alguien vestido de vampiro muy parecido a su difunto hermano Edelmiro… y esto le provocó una sensación entrañablemente agradable.

Y le extrañaba más que nada, que nadie contestase a su saludo.
A la mitad de la fiesta; la duquesa, se subió al palco de la orquesta y advirtió a los presentes…

—¡Recordad, que gozamos de la presencia de un fantasma real… Y que habrá un premio para quienes lo adviertan!—

Esto intrigó a Leopoldo y le hizo poner interés en su entorno.

—No estaría mal pillar a un fantasma —Se permitió pensar
Aquella nueva expectativa, entretuvo sus minutos siguientes en la fiesta…

Mas… Cada vez le chocaba más el despiste de la gente, el sentirse como un extraño entre desconocidos…

Sí, realmente, Leopoldo era ignorado en aquél lugar de jolgorio y fiesta.

Advirtió que había gente que por grupos se hacían fotografías frente a un enorme espejo antiguo decorado con un marco que llevaba una distintiva corona de escudo familiar en su parte de superior.

Sería bueno tener un recuerdo de esta noche… Pensó Leopoldo.
Y… se colocó delante, haciendo el fantasma, junto a un grupo que posaba para el espejo….

—¡Esto no lo puedo tolerar!—gritó muy enojado.

¡No puedo tolerar que me ignore también el espejo!

Leopoldo, se arrancó la sábana que cubría su rostro y su cuerpo…

—¡Fantasma!!!—

Gritaron a coro señalándole con el índice, todos los presentes.


Leopoldo, no comprendió qué había ocurrido aquella noche, en aquella estúpida fiesta.



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