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martes, 10 de marzo de 2026

La Caracola Charlatana y un Pez despistado.

Abuela: ¿Sabéis, mis amores, que en la playa los tesoros no siempre son de oro? A veces, los más valiosos están hechos de recuerdos, espuma de mar y una pizca de magia.

Un día soleado, una niña muy curiosa llamada Lucía estaba en la orilla del mar. Había pasado toda la mañana construyendo un castillo de arena enorme, con torres y hasta una fosa para el agua.

Después de terminar su obra de arte, Lucía, que llevaba un pañuelo de colores muy alegre en el pelo y un bañador de rayas, se puso a chapotear feliz. ¡El agua estaba fresquita y salpicaba con alegría! Cerca de ella, medio sumergida en el vaivén de las olas, había una caracola grande y moteada que brillaba al sol.

Lucía, que sabía que las caracolas guardan el sonido del mar, decidió agacharse y probar algo divertido. Se acercó a la caracola y, con una gran sonrisa, dijo:

— ¿Hola, me escuchas?

Pero, ¡cuál fue su sorpresa! No fue el sonido de las olas lo que salió de la caracola. ¡No, señor! Desde dentro, con una vocecita que sonaba como un borboteo de burbujas, alguien le contestó.

— ¡Glu, glu! ¡Hola, pequeña humana! —respondió un pececito muy pequeño y muy simpático, asomando su cabecita por la apertura de la caracola, que usaba como si fuera un búnker marino.

Lucía se quedó con la boca abierta, ¡pero no de miedo, sino de asombro!

— ¡Un pez! ¡Un pez que habla! —exclamó.

— ¡Claro! Aunque en realidad estoy un poco perdido —confesó el pececito, con sus ojitos muy abiertos—. Estaba siguiendo una corriente muy rápida y, ¡puf!, me encontré aquí dentro. Me llamo Chispas, ¿y tú?

— Yo soy Lucía. Y este es mi castillo —dijo ella, señalando con orgullo su construcción de arena.

Chispas, el pececito, miró el castillo con admiración.

— ¡Vaya! Es muy grande. ¿Crees que podrías ayudarme a salir de aquí y volver al mar profundo, Lucía? —preguntó Chispas, un poco preocupado.

Lucía no se lo pensó dos veces. Con mucho cuidado para no asustar a su nuevo amigo, tomó la caracola entre sus manos y caminó suavemente hacia donde el agua ya no rompía con tanta fuerza. Allí, suavemente, inclinó la caracola hasta que Chispas pudo salir nadando.

— ¡Gracias, Lucía! ¡Eres la mejor constructora de castillos y la mejor rescatadora de peces! —dijo Chispas con un último salto alegre en el agua.

Y así, Lucía aprendió que a veces, si prestas atención, la magia del mar te regala amigos en los lugares más inesperados.

Copyrght:Mercedes del Pilar Gil Sánchez. 

#CuentoInfantil


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