Escribir para sanar: El refugio de las palabras
A veces, la vida nos pone frente a personas y situaciones que intentan apagar nuestra voz. Grupos que se disuelven, palabras que buscan herir y silencios que pretenden aislarnos. Durante un tiempo, ese ruido externo puede pesarnos en el alma, llenándonos de una pena que parece difícil de sacudir.
Pero entonces, aparece la hoja en blanco.
He aprendido que escribir es el acto de resiliencia más puro que existe. Cuando alguien intenta quitarnos los amigos o el espacio, la literatura nos devuelve un lugar que es solo nuestro. Un jardín propio donde nadie puede entrar a malmeter ni a destruir lo que con tanto cariño hemos construido.
No importa cuántos títulos se tengan o cuántos blogs se gestionen; la verdadera cultura es la que nos hace más humanos, más generosos y más libres. Lo demás es solo fachada, mediocridad disfrazada de intelecto.
Hoy elijo quedarme con lo que de verdad ilumina mi vida:
- Mis relatos y poesías.
- Mi editorial, Sol del Sur, que sigue siendo mi ventana al mundo.
- Y sobre todo, la paz de saber que mi pluma siempre ha buscado construir, nunca destruir.
A quienes me leéis y habéis sentido alguna vez ese vacío del desengaño, os digo: no dejéis de crear. Vuestra luz es vuestra, y nadie tiene el poder de apagarla si seguís contando vuestra verdad.
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