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martes, 10 de febrero de 2015

MESA PARA DOS

Este San Valentín, no iba a fallar, sería el mejor de todos los catorce de febrero que habían pasado juntos.

La mesa estaba preparada hasta el último detalle con todo lo que a ella le gustaba. Dos hermosas velas rojas en forma de corazón lucían en el centro unidas por un lazo dorado en representación de su férreo amor infinito, que dejaría consumir durante la cena, en representación de su amor, hasta el último aliento de vida.

Dos globos rojos, se alzaban en busca del cielo desde el respaldo de una silla. Había doblado las servilletas rojas formando un corazón y las había colocado sobre un liso plato negro, buscando sublimar el color del amor.

Subido a una silla contempló la mesa desde arriba para cerciorarse de que no faltaba ningún detalle y únicamente movió una copa que creía, había quedado ligeramente desplazada hacia la derecha.

Soñaba con su aliento convertido en cálidos susurros deleitando sus sentidos a través de los oídos. Soñaba con sus manos recorriendo su espalda entre alientos y suspiros. Soñaba con el cruce de miradas para unirse en silencios compartidos. Soñaba, sí, soñaba… Soñaba con rozarla, con sentirla, acariciarla, con tenerla aquella noche para sí eternamente.

Qué poco quedaba ya para aquella cita completa y repleta de amor compartido.

Miró el reloj. ¡Las ocho!

Sus pulsos se aceleraron, su corazón se volvió loco. Las manos se salieron de control, temblaban de ansiedad a una velocidad inmanejable.

Salió corriendo hacia la habitación contigua y arrastró una pesada silla rodeada de cinta adhesiva. Una melena negra caía pesadamente por su respaldo. La inclinación, dejaba ver parte de un rostro de mujer surcado por ríos negros de maquillaje corrido.

¿Ves lo mucho que te amo? Susurró mostrándole la mesa.

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