En Ferrol nació una niña,
hija del sol, del viento y la lluvia.
Nació sin riquezas, vacía,
a excepción de su cabeza,
repleta de sueños, historias y vida.
Un día despertó enamorada.
Dobló el mapa de España
haciendo coincidir las esquinas,
y cambió la lluvia por el viento.
Ese viento le habló de otro amor
y le susurró versos al oído;
le sugirió abrir un rincón en la red,
un blog que ella llenó de reliquias.
De los versos en la pantalla
brotaron libros, cuentos y quimeras;
historias que hoy acunan nuevos ojos
y se vuelven risas en la voz de mis nietos.
Y aquí sigo, con la misma mirada despierta,
sabiendo que aquella niña sin riquezas
guardaba en su mente el tesoro más grande:
la libertad indomable de seguir creando.