El adios
#adios
Se apaga la luz en la ventana,
el silencio se adueña del rincón,
y en el umbral de la mañana
se congela el latido del adiós.
No hay reproches clavados en la arena,
ni tormentas que juren regresar,
solo el roce sutil de una condena:
el suspiro que no sabe dónde andar.
Se despiden las manos sin urgencia,
como hojas que arrastra el vendaval,
dejando que la fría complacencia
dibuje una distancia de cristal.
Queda el eco flotando en el vacío,
un aroma de invierno en el umbral,
y este pecho, que tiritando de frío,
le suspira al olvido su final.
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