viernes, 24 de julio de 2015

¡QUÉ DÍA MÁS MALO!

     ¡Qué día más malo! –

     ¡Qué día más malo! –

Repetía Luzmila cuando me la crucé en el portal.

     ¿Qué ocurre Luzmila? –

Pregunté muy asustada.

     No creerás si te cuento.... –

Respondió.

     ¡Te creeré! –

     ¡Seguro que te creeré! –

Afirmé convencida.

     Esta mañana salí para hacer ejercicio por el parque… -

     No lo creerás, Virginia –

Asentí para afirmar, mientras  escuchaba.

     Iba campo a través, cuando una nave espacial paró en el aire. 

    Su luz cegadora me envolvió, aturdiéndome y  abduciéndome hacia su interior... 

    Recuerdo una sala de operaciones muy similar a la de un hospital...

    No recuerdo  nada de lo ocurrido después. –

     Me da miedo contarlo, temo que me tomen por loca. –

     No te preocupes Luzmila. -

  -    ¡Yo, te creo! –

Luzmila, presentaba un aspecto raro, extraño.

Era como si alguien recién aficionado a los puzles, la hubiese desmontado y una vez revueltas las piezas, no supiese volver a acomodarlas en su lugar de origen.

Vestía Luzmila unas mallas lila que cubrían sus piernas y  habían quedado colocadas en la parte superior de su cuerpo. 

Sobresalían sus piernas del lugar que correspondería a la cabeza, y ésta, emergía en lugar del brazo izquierdo. 

El brazo izquierdo hacía las veces de pierna, continuando el derecho en su lugar de origen. 

Andaba dando pasos cojos con los pies, en el lugar que deberían haber ocupado las manos. 

Una oreja sobresalía en de su pierna en  lugar de un pie. 

Una mano cubría su cara.

     ¡Te creo Luzmila! –

     ¡Te creo! -
          
        Luzmila desapareció tras cerrarse la puerta del ascensor con dirección al tercer piso, mientras sacaba con toda dificultad de su bolsillo un pañuelo para secar su nariz, que los extraterrestes, habían colocado justo al término  de su espalda.


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