domingo, 27 de diciembre de 2015

La Luna de Navidad

La noche de Navidad,
Venía esta vez premiada
Premiada de hermosa luna,
Luna de luces de plata.

Gélida estaba la luna,
Más parecía enamorada,
Le acompañaba una estrella
Que era el lucero del alba.

Vino a alegrarnos la luna
En una noche cerrada
Regalándonos su luz
Luz de destellos de nácar.

Aquella luna que vino,
No era luna vacía,
Era una luna nueva,
Que llena de luna venía.

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sábado, 26 de diciembre de 2015

Formando el Belén

La Navidad le absorbió en cuerpo y alma, la noche anterior, colocó la última figurita en el belén. Se sentía orgullosa, le había llevado mucho tiempo conseguir que las montañas pareciesen nevadas, que los limos resultasen reales, que las aguas procedentes de las montañas, pareciesen verdaderas cascadas… Había estrujado su imaginación a tope, y había merecido la pena el esfuerzo invertido. 
Lo que más le enorgullecía era pensar que  los materiales utilizados, eran tan cotidianos que no hubo de salir a buscar ninguno. La hierba la crió en una maceta bien tupida sembrando semillas de alpiste, después cortó en los diversos tamaños y se había quedado como un césped, hierbas altas, o ramaje. El agua, fue construida con papel plateado y con film de envolver. 
Pensó entonces en que los diminutos habitantes de aquel belén estarían encantados de vivir allí.
Como todos los años, envió invitaciones a los vecinos para que admirasen su obra de arte.
Debía recoger la casa, no podría haber nada por medio la mañana siguiente, debería quedar todo pulcro y brillante. Unicamente dejó sin hacer el lavado de la ropa. 
Abrió la lavadora y guardó todo el montón acumulado durante los días que dedicó a hacer el Belén.
Se quedó dormida pronto aquella noche... Realmente estaba agotada.
Nada más quedarse dormida, sintió como si fuese amasada, o como un masaje en todo su cuerpo… como si alguien le estuviese repasando todas sus formas.
¡Durmió!
Durmió, como no lo había hecho desde que era una niña pequeña.
Creyó despertarse temprano, cuando la luz de la mañana llegó a la altura de sus ojos, rebotando en algo muy brillante.
Tenía mucha ropa por lavar…
No comprendía qué pasaba…
-¡Debe ser la hora de que lleguen los invitados!...
Pudo oír cómo se abría la puerta… y cómo su marido hablaba con los visitantes…
     ¡Pasad!
     ¡Ha quedado Precioso!
     ¡Seguro que os gustará!
     ¡Ella llegará enseguida!
     No sé qué ha podido pasarle para que se pierda este momento, después de tanto trabajo. Tiene mucho mérito, pues lo ha hecho sola, sin ayuda de nadie. ¡Es una verdadera artista Amelia!

     ¿Ella? ¿Amelia?
     ¿Es que acaso se refiere a mí?
     ¿Por qué habla mi marido como si yo no estuviera?
     ¡Pero si estoy aquí mismo!

Notó entonces… cómo una mano la agarraba por la cabeza, como una de esas máquinas de feria cuyo extremo termina en una garra  de recoger objetos…

     ¡Mirad esta lavandera!
     ¿A que parece muy real?
La niña del vecino de al lado, me sostenía entre sus dedos, mientras mis ojos permanecían cegados por el reflejo del sol en el agua del río, hecho con papel de aluminio que yo misma había construido el día anterior.
Miré a mi derredor y… Quise morir en cuanto que vi el inacabable montón de ropa que me quedaba aún por lavar…


     ¡SocOrroOOooooo!

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lunes, 21 de diciembre de 2015

La Abuela en Creatividad al Piano!

Creatividad al Piano Incluye mis cuentos en su página.
En el apartado de Educación.
Estoy muy emocionada! Mil gracias!

domingo, 20 de diciembre de 2015

La Noche del Veinticuatro de Diciembre

Margarita, permanecía bajo la nieve sin apenas abrigo, viendo gente pasear y comprar a sus hijos cosas superfluas.

Un niño, tiró un caramelo sujeto por un palo. Margarita, deseaba conocer el sabor de aquél dulce y lo recogió del suelo.

-¡Niña!

-¡No se cogen cosas del suelo!

-¡Cochina!

Gritó el padre del niño.

Margarita echó a llorar y quedó dormida junto a un perro callejero, que siempre, le prestaba su calor.


Soñó un árbol luminoso cargado de comida,  ropas de abrigo, el regreso de su amorosa mamá... 

Al despertar, le rodeó toda aquella maravilla, regalo del muy bondadoso Santa Claus


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Santa Claus



Faltaban tres días para la noche navideña, Carlitos preparó su trampa en la chimenea, para cazar a Santa Claus.

Su trampa consistía en una red introducida por la chimenea, que obstruiría la salida. Se accionaría con el peso del cuerpo, quedando cerrada sobre sí misma. 

Los extremos liberadores, permanecerían en el exterior del canal de humos.

No dejaría nada al azar. Él mismo se introdujo por la chimenea para comprobar su efecitividad.


La noche del 24 llegó. El niño permanecía desaparecido. 

Santa, le encontró envuelto en su propia trampa, dejándole  envuelto tal cual, bajo el árbol como único regalo navideño.


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jueves, 17 de diciembre de 2015

¡Mañana llega la Primavera!


Mi cacao con leche esperaba humeante sobre la mesa de la cocina y mamá presurosa me animaba a darme prisa.
-¡Péinate!
-¡Ponte bien los zapatos!
Miré a mis pies, y les vi más extraños que otras veces, las puntas de mis zapatos, se desviaban hacia los lados externos. Junté mis pies, y… en vez de unirse, parecían repelerse y querer distanciarse por las punteras. las puntas de los zapatos, se alejaban la una de la otra, mientas los talones, permanecían como siempre, juntos y unidos.
¡Qué extraño!
Pensé…
¿Se habrían enfadado mis zapatos, e intentaban apartarse el uno del otro?
Les observé perpleja sin saber qué les podría haber pasado.
Mamá me sacó del ensimismamiento, y también de mis dudas en un instante.
-¡Ana!
-¡Tienes los zapatos del revés!
-¡Pon bien los zapatos, Ana!
Ordenó mamá.
Me alegré de que no les ocurriese nada malo a mis zapatos, no me gustaría… ¡Nada! Que se hubiesen enfadado.
Les regañé por traviesos y cambiarse de pie, aunque enseguida les dije:
-¡No pasa nada! Sé que no lo volveréis a hacer. No quiero veros tristes ¿Vale?
Les perdoné.
Me gusta verles contentos, saltando y corriendo conmigo y también, haciendo resbalones por el pasillo de casa.
Aunque… Recuerdo el primer día que me los puse, no se portaron demasiado bien conmigo, pues me hicieron unas rozaduras muy incómodas y dolorosas en los talones.
Mamá me colocó unas tiritas. Dos en cada pie para proteger mi piel del roce con el zapato.
-¡Ana!
Gritó mamá desde la cocina, con ese grito que conozco tan bien y que quiere decir exactamente esto:
“Me estás hartando Ana, y como grite otra vez… “
Decidí, tras la advertencia, darme toda la prisa posible y hasta la imposible, también.
Me cambié de pie los zapatos en un “pis, pas” y esta vez, vi cómo volvían a unirse en las puntas y cómo volvían a ser amigos. Corrí hacia la cocina a disfrutar de mi leche con cacao que tanto me gusta y que ya había dejado de humear. Se hallaba a esa temperatura calentita, pero no “quemona”.
Ese es el punto de calor que me gusta. ¡Caliente y sin quemar! ¡Bien!
-¡Ana, no te manches, pon atención a lo que estás haciendo!
Como siempre, mamá interrumpió mis pensamientos que se encontraban perdidos en el aire, mientras miraba el tapete de la mesa que había puesto hoy mamá y en el que había dibujada una niña caminando hacia una montaña nevada. Le acompañaba, un lémur de cola anillada al que había subido a su hombro, para que no se cansara. La montaña, estaba tan lejos…
Qué bonito dibujo, siempre que mamá lo extiende en la mesa, pienso que soy yo quien tiene la suerte de ser la amiga preferida de un lémur cola anillada.
-¡Vamos Ana, que ya es tarde!
Corrí a recoger mi mochila del colegio y entonces, me di cuenta de que había dejado sobre mi cama, el libro de Naturales. Volví a correr hacia mi habitación, cogí el libro y lo llevé en mi mano hasta llegar al coche de mamá.
-¡Abróchate el cinturón Ana!
Ordenó mamá.
-¡Ya lo he abrochado mamá!
-¿Sabes Ana? Mañana llega la primavera.
Qué extraño, esta misma mañana, he vuelto a leer mi lección de Naturales y… la señorita ayer, nos habló de que hoy, es el último día de otoño y que mañana llega el invierno…
Creo que mi mamá (aunque es muy lista) no sabe que mañana lo que llega es el invierno.
 -¡Mamá!
-¿Dime Ana?
Casi no me atreví a decir nada…
-¡Mamá!
-Te escucho Ana, dime.
-¿Estás segura de que llega la primavera mañana?
-¡Pues claro!
-¡Mañana iremos a la estación a buscarla!
Me quedé callada.
Miré por la ventanilla en busca de flores, en los jardines por los que pasábamos.
Nos paramos en un semáforo que se había puesto en color rojo, y cuando un semáforo se pone en rojo, hay que parar y esperar a que se vuelva a poner de color verde.
Yo siempre aviso a mamá:
-¡Ya! Mamá, ¡Verde!
Pero esta vez, no le dije nada, busqué con la mirada en la rotonda, que tenía delante de mis ojos por ver si había florecido alguna flor entre las hierbas… No encontré ninguna.
-¡No me has avisado, Ana!
-¿Qué le ocurre a mi niña?
Preguntó mamá
-¡No hay flores! Mamá.
Contesté.
-No pasa nada, cariño. Ya las habrá.
Volví la cabeza y vislumbré una larga fila de árboles calvos, sin un único pelo-hoja con el que guarecerse del frío helado que había convertido en escarcha al rocío.
Pensé en las ganas que tenía de pisar escarcha y escuchar su  ¡CRAS! ¡CRAS! ¡CRAS! Bajo mis zapatos.
Entonces… me invadió otro pensamiento, referente a mis zapatos, pensé en lo felices que se pondrían de poder pisar saltando, y más aún después de haberles reñido esta mañana cuando jugando, se cambiaron de pie.
Enseguida me di cuenta de que se me había ido el pensamiento de lo importante.
Lo importante esta mañana es encontrar a la primavera.

¡No la veo!

¡No soy capaz de ver, nada de primavera!



-¡Buenos días niñas!

-¿Venís despejaditas hoy?

-¿Alguien ha estudiado el tema que toca?

Preguntó la señorita Rosalía y… Todas las niñas levantaron la mano.

-Ana, ¿Tú no has estudiado?

-Sí, señorita. He estudiado la lección que tú dijiste.

-¿Entonces?... ¿Por qué no has levantado la mano como tus compañeras?

-Porque la lección que estudié es la del INVIERNO.

-Muy bien Ana.

-Como todos y todas sabemos, hoy es el último día de otoño, y mañana comienza el invierno.

-¡No, señorita! Mañana viene la PRIMAVERA.

-¡Me lo ha dicho mi mamá!

-No cariño, mañana llega el invierno.

-Como ya hemos hablado ayer, el otoño comienza el día veintiuno de septiembre hasta el día veintiuno de diciembre.

-¿Qué día es hoy?

Preguntó la señorita

-¡Veinte de diciembre! Señorita.

-También hemos estudiado que: El invierno, comienza el día veintiuno de diciembre y durará hasta el día veintiuno de marzo.

-Entonces, y según lo que hemos estudiado.

-¿Qué estación comienza mañana?

-¡El invierno! Señorita.

Contestaron todas mis compañeras.

Mi voz, entre las voces de todas ellas, gritó…

-¡La PRIMAVERA!

-Ana, la primavera no llegará hasta el día veintiuno de marzo y terminará el día veintiuno de junio.

-¡Mañana, comienza el invierno!

No podía contradecir más a la señorita Rosalía, pues en esta última frase, noté que estaba perdiendo la paciencia conmigo y que tenía próximo un castigo si continuaba discutiendo con ella.

A mí me gusta mucho ir al recreo.

Me gusta jugar. Y a mis zapatos también les gusta. Seguro que ellos tienen tantas ganas como yo de salir a saltar y correr y hacer las coreografías inventadas que solemos hacer en el patio.

¡Lloré!

¡Lloré muchísimo!

No estaba muy segura de por qué lloraba, pero tenía que llorar.

No podía decirle más veces a la señorita, que estaba equivocada.

No podía decirle que mi mamá lo sabía todo. Que ella siempre se sabe las lecciones de mi libro, sin tener que leerlo…

¿¡Cómo no va a saber que mañana es primavera!?

¡Si fuese invierno mi mamá lo sabría!

La señorita Rosalía me llevó junto a María, otra señorita, y María me llevó junto a la directora del colegio, que es muy seria y da mucho miedo.

Cuando hacemos travesuras en la clase, la señorita Rosalía, siempre nos dice: ¡Os voy a llevar con la directora! Y… siempre nos asusta muchísimo.

Cuando dejé de llorar, Maribel, (la directora), que resultó no ser tan mala, y me regaló un caramelo y un bombón de tres chocolates. Me preguntó:

-¿Qué te ha pasado Ana?

-Pues que la señorita Rosalía, dice que mañana comienza el invierno.

-¿Y no es así?

-¡Mañana comienza la Primavera!

-¡Me lo ha dicho mi mamá!

-Puede que tu mamá se haya confundido y haya dicho primavera, cuando quería decir invierno…

-¿No crees que pudo haber ocurrido algo así?

Me quedé pensativa… Podría ser que… Después de todo, no había ninguna flor… En ninguno de los jardines…


Hacía mucho frio, y yo salí de casa con un abrigo, unos guantes y un gorro…

-¡Seguro que mamá se confundió!

-¡Eso ha pasado!

-¡Sí!

-Quiso decir invierno y ha dicho primavera.

-Jejejeje

Salimos al recreo, y mis zapatos lo pasaron genial, y yo también con ellos.

Me vino a recoger a la salida del cole mi abuela, mamá tenía visita en casa…

Cuando llegamos al portal, mamá gritó desde arriba.

-¡Sube, Ana!

-¡Ya está aquí mi Prima Vera!                 
 



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lunes, 14 de diciembre de 2015

Se acercan los Reyes



Ya mece María
Al niño en sus brazos
Le mira, le abraza
Estrechan sus lazos.

El niño divino
Hacia el Cielo mira.
Sus manos divinas
Levanta hacia arriba.


Con el Niño en brazos,
Se asoma María,
A ver el milagro,
De la estrella guía.

Turbada, admirada, 
María, hacia el cielo
Alza la mirada,
Lo que el niño indica
Descubre extrañada.

¡El dedo del niño,
Señala la estela,
De una bella estrella.
Que rauda y fugaz,
Hacia el portal se acerca.

Recelan, sus padres celosos
Escrutando los cielos curiosos.
Contemplan dudosos,
La luz que destella,
El cometa estrella.

¡Qué hermosa, qué bella
La fugaz estrella!
¡Qué dulce, qué llana,
La luz que emana!

¡La estrella se posa,
De su suave luz, 
El portal rebosa!
¡Se acercan pastores,
Hacia la luz milagrosa!

Al mundo le advierte,
 Su rayo fulgente.
Su luz de milagro,
¡Que viene orientando,
A los Reyes de Oriente!

Marca  su luz de guía,
Senderos azules, 
De bella alegría.
¡Siluetas que asoman 
En la lejanía!

Coronas doradas y bellas,
Lucen en sus cabezas,
Con dulces destellos. 
¡La nana de luna,
De una la Luna Nueva
Que hoy, viene llena!

Se ven tres camellos,
Grandiosos, esbeltos.
De lomos dorados,
Y muy jorobados.
¡Siluetas de brumas,
Detrás de las dunas!

Se acercan atentos,
Cabalgando el viento.
Montan la luz del rayo,
¡Un paso y un paso, 
y otros mil pasos!

¡Ya vienen llegando, 
se van acercando!
¡Ya besan el suelo,
Bajo la estrella del cielo!

¡Ya al niño veneran!
Le miman, le besan.
¡Besan de sus piececitos,
Sus lindos deditos!

Le dejan ofrendas,
Y divinas prendas,
De Reyes de Oriente,
¡Al Rey de los Reyes!
¡Al niño divino... En el día de Reyes!

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sábado, 12 de diciembre de 2015

Esta misma mañana...

Esta misma mañana, he podido descubrir al otoño, cabalgando sobre las áridas aristas del futuro.
Sin cogollos de hojas verdes, sin retoños, sin vistas de brotes recientes y verdes, que inunden al mundo de un verde mar de esperanza.
Esta misma mañana, he revivido primaveras pasadas, que lucían cuajadas de preciosas y  prometedoras flores.
Hoy se hallan marchitas, caducas, deshojadas.
Bellas flores, que por bellas, nunca fueron apreciadas.
Atrás quedan veranos de cálidas maravillas a orillas de las playas.
Hoy, las playas nos devuelven angelitos en la arena, procedentes de las aguas.
Recuerdo dejar atrás gélidos, helados inviernos rodeando pequeñas estufas, en pequeñas mesas colocadas, y al amor de la lumbre la familia congregada.
Cuando ahora nos calientan los negros rumores de metralla.
Cuando ahora es la muerte quien se asoma a las pantallas, dejando atrás las noticias de amores. Esos que deben ser los que enciendan bellas llamas. 
Esos que deben cuidar el futuro, con el amor. 
Sin las armas.
Esos que deben velar por los cuerpos y las almas.
Amores, sí… Amores.
Amores hacedores de vida, de luz, de amor... 
Y... De nuevas esperanzas.

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jueves, 10 de diciembre de 2015

Rodolfo, el Reno Guía

La noche cerrada,
Oscura, vacía.
La estrella brillante,
No aparecía.
Estaban los Reyes,
Perdidos, sin guía.
Llevaban tres noches
Sin norte, Sin sur,
Sin visos algunos,
De llegar algún día.
Noel, ya en su casa
A los Reyes seguía.
Pronto se dio cuenta
De qué sucedía.
Estaban perdidos
En las noches más frías.
¡Les ayudaremos!
Comentó Noel
Sentado en su silla.
¡Vámonos Rodolfo!
Ordenó Santa,
A su reno Guía.
Preparó el trineo,
sin carga,
Pues el día seis,
No era su día.
¡No lleguemos tarde!
Que el día de Reyes,
Se nos aproxima
Volaron muy rápido,
Sin peso alguno,
Tan solo Rodolfo
El trineo cogía
Así, sin su carga,
Llegaron enseguida.
Montaron los Reyes
Siendo transportados
Allá dónde iban.
A salvo quedaban,
Juguetes, Regalos,
Piezas de vajillas,
Cada niño y mayores
Todos los regalos
Al llegar la mañana
Todos recibían.
Estas Navidades,
Serán recordadas
Como las primeras
Que colaboraron
Papá Noel, Los Reyes Magos,
Y Rodolfo, su Reno Guía.

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sábado, 5 de diciembre de 2015

¡Toda mi ropa ha encogido!!!

No me lo puedo creer!!!

¡Toda mi ropa ha encogido!!!

Ha debido de ser,

¡Un gnomo travieso!

¡Quien la ha embebido!

¡Si no la he tocado!

¡Tampoco lavado!…

¿Por qué se ha contraído?

La guardé cual tesoro el año pasado,

Cuando huyó de aquí el frío.

Ahora, a su regreso, la he rescatado,

Del tristísimo armario donde la había metido.

¿Será quizá una venganza?

¿Será un tonto enfado que la ropa ha cogido?

Por más que lo pienso…

¡No sé, No sé qué habrá sido!

Si la hubiesen robado… Lo habría entendido.

Si tuviese agujeros, podría explicarme...

Lo acontecido,

Serían ratoncillos celosos... De mis ropas de abrigo...

O si fuesen polillas, las que hubiesen gozado,

De mis dulces galas y tan buen apetito.

¿Pero?… ¿Encogerla?

¿A quién se le ha ocurrido tan horrible delito?

Y dejarme sin ropa...

Castañeando mis dientes, por culpa del frío.

¿A quién beneficia este sin sentido?

Si no fuese tan caro,

Si no hiciese frío…

Buscaría al culpable,

En otros rincones, en otros armarios,

En otros arcones, en otros lugares,

Que pudiera estar escondido.

Miraría en los roperos,

Llenos o vacíos.

¡Hallaría al culpable de este desatino!


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